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El cuchillo del indio

Orfelunio

Poeta veterano en el portal
El cuchillo del indio

Monte sagrado
Río salvaje
Vestido de lobo
La roca
Plumas de ave
Humos y viento
Pintura guerrera
La cueva
El cuchillo del indio

Solo podrás hacer frente a ese demonio cuando olvides. No puedo olvidar. La única manera sería el no haber sucedido. Debes regresar a un presente que es pasado que te atormenta. Sueña, y después de revivir el hecho de forma distinta, olvida. Ve a este lugar, donde un hombre muy viejo conseguirá tu propósito.

El viejo hombre, que era negro y por su rostro había pasado la viruela, me recibió con mucha amabilidad. Pasamos a una estancia pequeña. El calor de una hoguera templaba el momento en un recuerdo agradable y familiar. Me dio el viejo negro a beber unas hierbas y me acomodó en un sillón tapizado con la piel de una pantera. Pronto comencé a percibir el efecto del brebaje. El viejo me animó a que contara la historia, pero que tuviera en cuenta el motivo por el cual estaba allí.

Comencé a recordar. Los perros me perseguían incansables. Ya no sabía donde esconderme y lo hice en una cueva. En su interior, vi al fondo, alumbrado por el fuego de una hoguera, el rostro de un hombre viejo; por su rostro había pasado la viruela. Temiendo ser intruso, y no bien recibido, me escondí en un recodo del infierno. Desde esa situación podía ver, sin ser visto, la escena que provocó el horrible crimen. Estaba dispuesto a todo. Miré mis manos, mis pies, mi cuerpo. Detrás, muy cerca de donde estaba, en un cristal de color verde vi reflejado mi rostro y tras él la luna llena. En ese espejo del demonio apareció la víctima.

Decidido a acabar con mi tormento, y sabiendo que nuevamente derramaría más sangre, me abalancé sobre el animal del ciego. Luché durante largo rato. Ya exhausto y sin haber conseguido dar solución a los años del viejo, tomé su cuchillo de plata y lo clavé en mi pecho. No tardó mucho tiempo en volver mi cuerpo a ser humano…


En un hotel de una ciudad cualquiera…
No ha podido soportar por más tiempo ese dolor cuyo tormento le era insoportable.
Está usted seguro, señor…
Sí, estoy seguro. Se ha suicidado. Por fin ha podido olvidar.
 

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