La Sexorcisto
Lluna V. L.
Hubo un tiempo que el silencio suicida
dominaba en los asteroides perdidos de la negrura,
pero entre las sombras
los ojos del cuervo del Señor Mesías
escrutaban el rojizo destino
de las torres que se hallaban escondidas allí,
no había tiempo
no había demora
no había apenas nada,
unas madejas de realidad,
los sonidos repetitivos de alguna máquina varada
las huellas de los adictos a la sustancia y al sistema,
y pese a todo los ojos plasmáticos
del cuervo del Señor Mesías
continuaban con su programación de vigilancia.
dominaba en los asteroides perdidos de la negrura,
pero entre las sombras
los ojos del cuervo del Señor Mesías
escrutaban el rojizo destino
de las torres que se hallaban escondidas allí,
no había tiempo
no había demora
no había apenas nada,
unas madejas de realidad,
los sonidos repetitivos de alguna máquina varada
las huellas de los adictos a la sustancia y al sistema,
y pese a todo los ojos plasmáticos
del cuervo del Señor Mesías
continuaban con su programación de vigilancia.