Cuando los ojos pétreos del abismo escrutan el corazón del pecador se despierta la insania aterradora. Cuando se vocaliza la celestial plegaria hacia el Altísimo el caos redentor escuece en el cerebro del arrepentido redivivo. El despertar aterrador agrupa sin cesar visiones de opio inmanifestados. Y la ilusión satánica acaba por sorber hasta lo más profundo del semen cristico del apocado varón regicida. Cuando la noche sella, con broche lunar, el séptimo ojo del cuerpo eterico, las pesadillas que proyecta satanás sobre el nervio linfático se trasfiguran en carcajadas diabólicas. Que terminan por rematar el juicio del pondestable. Pobre hijo usurero que ya cumplió en el infierno su bolsa vacía. En la que antaño había pan y vino redentor.