En la crepuscular mirada irónica del poeta se refleja la repugnancia concedida a un vacío existencial,cuya esencia intelectiva está más allá de la intuición perceptiva del bardo.Éste,al no poder remontarse hacia las etéricas cumbres graníticas de las Ideas impasibles que subyacen en la mente infinita de un dios cruel y severo,siente el vértigo lacerante de la nada en la que se diluyen sus sagrados ritmos poéticos.Ante tal encrucijada,su sentimiento es de asco y de horror,por no poder estabilizar su sacro santo sentimiento hacia la desbordante naturaleza;pletórica en cuerpos sensibles cuyas entelequias los colman de gracia y flexibilidad temporal marchita.Pero no es capaz de captar el ejemplar platónico en las que se prefiguran aquellas.En las que se realizan como sinceros espejos fulminantes de un ideario panteísta.Luego,no le cabe al mago mortal de las letras sagradas más que una aberrante puerta:la de jugar con el más puro irracionalismo que,en una explosión pulsional de su libido reprimido,se consuma en ceniza fiel de un caos de simulacros que van a caer absurdos a la difuminación eternal de todo prototipo iluminado.