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El don de la nieve

penabad57

Poeta veterano en el portal
Esparce las semillas por el surco como si esparciera

el don de la nieve, las manos recias, ajadas, manos

de labrador ancestral, manos que también lucen surcos

que son cicatrices de gratitud al sol, al agua, a la tierra,

a la lluvia que invoca cada día a través de la oración

-concédenos, señor...- que aprendió desde su más

tierna infancia, es un hombre humilde, casi anciano,

con los dedos heridos por la artrosis, mas él continúa

con la siembra, sin el moderno regadío de las grandes

plantaciones, sin el tractor que hiende el corazón de la tierra,

solo con el arado y la azada que heredó de su padre y este

de su abuelo y su abuelo de... Conserva la fe, no ignora

que un día, más o menos próximo, del surco brotará el tallo,

del tallo las verdes hojas, de la raíz el fruto, y del fruto

la semilla que otra vez esparcirán su manos como si

esparciera sobre la piel de un sueño el don de la nieve.
 
Esparce las semillas por el surco como si esparciera

el don de la nieve, las manos recias, ajadas, manos

de labrador ancestral, manos que también lucen surcos

que son cicatrices de gratitud al sol, al agua, a la tierra,

a la lluvia que invoca cada día a través de la oración

-concédenos, señor...- que aprendió desde su más

tierna infancia, es un hombre humilde, casi anciano,

con los dedos heridos por la artrosis, mas él continúa

con la siembra, sin el moderno regadío de las grandes

plantaciones, sin el tractor que hiende el corazón de la tierra,

solo con el arado y la azada que heredó de su padre y este

de su abuelo y su abuelo de... Conserva la fe, no ignora

que un día, más o menos próximo, del surco brotará el tallo,

del tallo las verdes hojas, de la raíz el fruto, y del fruto

la semilla que otra vez esparcirán su manos como si

esparciera sobre la piel de un sueño el don de la nieve.
Hay cosas que a pesar de que pertenecen al pasado, es reconfortante y vale la pena soñar las.

Saludos
 
Manos que reflejan las heridas del tiempo.
en tus letras dibujas, la realidad de los campos de Latinoamérica, se hacen las cosas a pura voluntad, como se aprendieron de los ancestros
 
Esparce las semillas por el surco como si esparciera

el don de la nieve, las manos recias, ajadas, manos

de labrador ancestral, manos que también lucen surcos

que son cicatrices de gratitud al sol, al agua, a la tierra,

a la lluvia que invoca cada día a través de la oración

-concédenos, señor...- que aprendió desde su más

tierna infancia, es un hombre humilde, casi anciano,

con los dedos heridos por la artrosis, mas él continúa

con la siembra, sin el moderno regadío de las grandes

plantaciones, sin el tractor que hiende el corazón de la tierra,

solo con el arado y la azada que heredó de su padre y este

de su abuelo y su abuelo de... Conserva la fe, no ignora

que un día, más o menos próximo, del surco brotará el tallo,

del tallo las verdes hojas, de la raíz el fruto, y del fruto

la semilla que otra vez esparcirán su manos como si

esparciera sobre la piel de un sueño el don de la nieve.
Hermosas imágenes de un campesino inmerso en el ciclo de la siembra como parte intrínseca de su vida. Es un poema muy bello. Un gusto leerte.
 
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