Littera
Poeta asiduo al portal
Tersa la noche estaba
cuando Cortés, oculto en la espesura,
vio que se aproximaba
cierta humana figura
de poderosa y rara fermosura.
Detuvo el paso aquesta
a la orilla de un lago allí presente,
y una brisa modesta
llegada del Poniente
le besó con placer la blanca frente.
Luego, tras un instante,
comenzó a desnudar su espalda airosa
mientras con voz fragante
y en extremo armoniosa
encantaba a la linfa soledosa.
No más que al castellano,
quien solo supo al recorrerse el pecho
con insegura mano
y sentirlo deshecho
que no se hallaba en un rosáceo lecho. *
De modo tal lo siente
el hombre al que con mórbida reciura
y suavidad furente
toca la flecha pura
del infante de alada vestidura.
*: Sinéresis en la voz rosáceo.
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