Xoel Errante
Poeta fiel al portal
Y...
ahí estaba sentado en una desvencijada banca, que parecía aun mas vieja que él, miraba complacido sus terrenos, pequeños lugares que el rentaba a personas que debían descansar. Se encargaba de asear y preparar los habitáculos donde descansarían sus descalzos huéspedes.
Por las noches rondaba entre ellos dando las buenas noches con un herrumbroso quinqé en mano, algunas veces le contestaban los huéspedes algunas no, e incluso había ocasiones en que estos le jugaban una mala pasada o le metían una zancadilla mientras él aseaba el lugar. Él acostumbrado a las peculiares formas de sus huéspedes reía a carcajadas cuando era presa de semejantes muestras de amistad, pues sabía que entre ellos ya existía algún tipo de extraña hermandad. La gente del pueblo al pasar por el lugar, sabiendo que era de aquel hortelano sonreía con él y saludaba, algunos niños le tenían miedo por su aspecto de desparpajo, pero él seguía sonriendo saludaba hacia una seña y seguía con azadón en mano limpiando. Sonreía, era feliz en ese lugar rodeado de quienes apreciaba.
Esa tarde sintiose cansado, camino a la desvencijada banca, miro sus lugares favoritos, y en ese momento vio al niño que siempre fue, viniendo hacia el,
El niño le hablo y le dijo;
- Es tiempo que seas un huésped.
- Siempre lo he sido - respondió.
El niño tomo su mano, se levanto y comenzó a caminar con el...
En ese momento el cuerpo del hortelano sentado en la banca y con una gran sonrisa en el ajado rostro, exhaló el ultimo suspiro.
EL ENTERRADOR.
ahí estaba sentado en una desvencijada banca, que parecía aun mas vieja que él, miraba complacido sus terrenos, pequeños lugares que el rentaba a personas que debían descansar. Se encargaba de asear y preparar los habitáculos donde descansarían sus descalzos huéspedes.
Por las noches rondaba entre ellos dando las buenas noches con un herrumbroso quinqé en mano, algunas veces le contestaban los huéspedes algunas no, e incluso había ocasiones en que estos le jugaban una mala pasada o le metían una zancadilla mientras él aseaba el lugar. Él acostumbrado a las peculiares formas de sus huéspedes reía a carcajadas cuando era presa de semejantes muestras de amistad, pues sabía que entre ellos ya existía algún tipo de extraña hermandad. La gente del pueblo al pasar por el lugar, sabiendo que era de aquel hortelano sonreía con él y saludaba, algunos niños le tenían miedo por su aspecto de desparpajo, pero él seguía sonriendo saludaba hacia una seña y seguía con azadón en mano limpiando. Sonreía, era feliz en ese lugar rodeado de quienes apreciaba.
Esa tarde sintiose cansado, camino a la desvencijada banca, miro sus lugares favoritos, y en ese momento vio al niño que siempre fue, viniendo hacia el,
El niño le hablo y le dijo;
- Es tiempo que seas un huésped.
- Siempre lo he sido - respondió.
El niño tomo su mano, se levanto y comenzó a caminar con el...
En ese momento el cuerpo del hortelano sentado en la banca y con una gran sonrisa en el ajado rostro, exhaló el ultimo suspiro.
EL ENTERRADOR.