Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se acercan los nubarrones,
este funeral cada vez camina peor
y eso que los zopilotes se han hecho cargo,
hay cuatro llevando a hombros el ataúd,
cuatro zopilotes blasfemando mientras me cargan.
El pueblo entero ha cerrado sus casas
ni una sola alma se asoma a acompañar,
ni siquiera el cura quiso dar misa
y eso que cobró el diezmo por adelantado.
Ahí van los cuatro zopilotes cargando el ataúd
con un paso tan lento que casi no avanzan,
alguien ha encendido el radio
y un merengue resuena al paso del sepelio,
los mecheros de la calle se incendian,
a lo lejos se alza a ver el cementerio.
Los pocos niños que hay se esconden,
las arañas tejen sus telas alrededor de la madera
que empieza a resquebrajarse por el dolor
en tanto en el bar alguien comenta con humor
"ojalá se lo estén comiendo ya los gusanos".
Las viudas del pueblo envueltas en velos
juegan a los dados apostando la madera,
que luego del entierro
servirá para encender una hoguera
en el terreno marcado.
Se acercan los nubarrones,
y comienzan los truenos a sonar,
un estallido resuena en el pueblo a medio camino
ha sido un rayo que con todo pactado
cayendo en el lugar indicado
deja cinco cuerpos incendiados
que nadie se preocupa por levantar.
este funeral cada vez camina peor
y eso que los zopilotes se han hecho cargo,
hay cuatro llevando a hombros el ataúd,
cuatro zopilotes blasfemando mientras me cargan.
El pueblo entero ha cerrado sus casas
ni una sola alma se asoma a acompañar,
ni siquiera el cura quiso dar misa
y eso que cobró el diezmo por adelantado.
Ahí van los cuatro zopilotes cargando el ataúd
con un paso tan lento que casi no avanzan,
alguien ha encendido el radio
y un merengue resuena al paso del sepelio,
los mecheros de la calle se incendian,
a lo lejos se alza a ver el cementerio.
Los pocos niños que hay se esconden,
las arañas tejen sus telas alrededor de la madera
que empieza a resquebrajarse por el dolor
en tanto en el bar alguien comenta con humor
"ojalá se lo estén comiendo ya los gusanos".
Las viudas del pueblo envueltas en velos
juegan a los dados apostando la madera,
que luego del entierro
servirá para encender una hoguera
en el terreno marcado.
Se acercan los nubarrones,
y comienzan los truenos a sonar,
un estallido resuena en el pueblo a medio camino
ha sido un rayo que con todo pactado
cayendo en el lugar indicado
deja cinco cuerpos incendiados
que nadie se preocupa por levantar.