Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Hay un lustro contemplativo
detrás del cristal,
que es un mudo consorte
de la hirviente alegría que le grita
con los brazos arriba
y coronados en un puño,
al gemelo que se asoma
por esa ventana.
Es una pequeña victoria
vestida de tiempo ganado,
y que la primera conciencia
guarda celosa en la memoria
de un niño que nace al mundo
por segunda vez.
Y me pregunto a cada instante:
¿Cuánto durará el recuerdo?
Ese que asalta la cabeza
cada vez que se presenta una duda,
cada vez que se refugia
en el momento que celebra el estar vivo;
¡Ese que se convierte a la sombra
de tu propio Cronos!
En el guardián del Ego,
que te viste ante la mirada de Dios...
Por siempre y para siempre.
detrás del cristal,
que es un mudo consorte
de la hirviente alegría que le grita
con los brazos arriba
y coronados en un puño,
al gemelo que se asoma
por esa ventana.
Es una pequeña victoria
vestida de tiempo ganado,
y que la primera conciencia
guarda celosa en la memoria
de un niño que nace al mundo
por segunda vez.
Y me pregunto a cada instante:
¿Cuánto durará el recuerdo?
Ese que asalta la cabeza
cada vez que se presenta una duda,
cada vez que se refugia
en el momento que celebra el estar vivo;
¡Ese que se convierte a la sombra
de tu propio Cronos!
En el guardián del Ego,
que te viste ante la mirada de Dios...
Por siempre y para siempre.