InusitadaIrrealidad
Poeta recién llegado
Ahora, en el tiempo presente. Se construye precedido de preposición por en varios lugares sin precisar, de una parte a otra, el muy grande o muy importante allí.
Dos semanas después Amélie seguía allí, donde la realidad nos provee con hechos tan románticos que la imaginación no podría añadirle nada, y el destello de sus encantos la rodea como los rayos de sol.
Amélie Poulain, piensa que parece más sabio asumir lo peor desde el principio y dejar que lo mejor llegue como una sorpresa.
Descendiendo con seguridad por el escalón de cuya existencia así se le informó, Amélie entra en una amplia habitación, iluminada por enceguecedores reflectores eléctricos, mientras el sonido de unos pasos, era lo único que quebraba la soledad y el silencio del lugar.
¿Dónde me encontraba? ¿Qué estaba haciendo yo allí dos semanas después? Preguntas sin respuesta, respuestas sin preguntas, siempre lo contradictorio haciendo mella en los actos del habla.
Se pueden emitir palabras sin decir nada, esto no es nada nuevo, ya lo dijo Searle. Amélie piensa en Searle cuando nombra los actos del habla, piensa también que los verbos de las emisiones realizativas no deben describir, ni registrar ningún hecho, no pueden evaluarse como verdaderos o falsos, y ejecutan la
acción que se expresa en la emisión; Amélie Poulain emite lo expresado en una especie de invierno, en un hibernar exasperante, en un duermevela incesante, en un sueño intangible, invisible, intempestivo y exhaustivo que busca comparar locuciones con acciones. Amélie sigue aquí porque es una acción, un verbo de la tercera conjugación igual que ir, vivir, partir o incluso dormir.
Esta emisión de palabras que no dicen nada, ni sirven, siguen sin embargo aquí, dos semanas después de que Amélie Poulain, creyese, ilusamente, que descendiendo con seguridad por el escalón de cuya existencia así se le informó, entraría en una amplia habitación, iluminada por enceguecedores reflectores eléctricos, mientras el sonido de unos pasos, fuese lo único que quebraba la soledad y el silencio del lugar.
Dos semanas después Amélie seguía allí, donde la realidad nos provee con hechos tan románticos que la imaginación no podría añadirle nada, y el destello de sus encantos la rodea como los rayos de sol.
Amélie Poulain, piensa que parece más sabio asumir lo peor desde el principio y dejar que lo mejor llegue como una sorpresa.
Descendiendo con seguridad por el escalón de cuya existencia así se le informó, Amélie entra en una amplia habitación, iluminada por enceguecedores reflectores eléctricos, mientras el sonido de unos pasos, era lo único que quebraba la soledad y el silencio del lugar.
¿Dónde me encontraba? ¿Qué estaba haciendo yo allí dos semanas después? Preguntas sin respuesta, respuestas sin preguntas, siempre lo contradictorio haciendo mella en los actos del habla.
Se pueden emitir palabras sin decir nada, esto no es nada nuevo, ya lo dijo Searle. Amélie piensa en Searle cuando nombra los actos del habla, piensa también que los verbos de las emisiones realizativas no deben describir, ni registrar ningún hecho, no pueden evaluarse como verdaderos o falsos, y ejecutan la
acción que se expresa en la emisión; Amélie Poulain emite lo expresado en una especie de invierno, en un hibernar exasperante, en un duermevela incesante, en un sueño intangible, invisible, intempestivo y exhaustivo que busca comparar locuciones con acciones. Amélie sigue aquí porque es una acción, un verbo de la tercera conjugación igual que ir, vivir, partir o incluso dormir.
Esta emisión de palabras que no dicen nada, ni sirven, siguen sin embargo aquí, dos semanas después de que Amélie Poulain, creyese, ilusamente, que descendiendo con seguridad por el escalón de cuya existencia así se le informó, entraría en una amplia habitación, iluminada por enceguecedores reflectores eléctricos, mientras el sonido de unos pasos, fuese lo único que quebraba la soledad y el silencio del lugar.