Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El fuego eterno
Abrió la cueva
y se puso a hablar del tiempo:
lloverá en el Everest,
habrá un tornado por la playa,
y un viento del desierto
traerá la arena en éste mes,
donde al año caza y caña
son remedio del estrés
y ahora calla, calla y calla.
El elefante lo intenta
pero no puede
con el peso de la hormiga,
porque de años muy vieja,
lleva todo el mundo encima
como atlas que está abierto
soportando geografías.
Hasta cuando no tendremos
el común de los sentidos;
¡qué manía! es ser siempre
de lo mínimo indiscretos,
sin saber que los septiembres
en otoños resentidos
pasan tristes por lo cierto,
del invierno que se viste
con la muerte y de respeto.
La locura se apodera
del que cree saberlo todo,
y no sabe tan siquiera
que es esclavo de su modo;
que el valor de un hombre es él,
no valores que le fuerzan
cuando pone solo fe
sin tener en cuenta ciencias.
Mi alemán arrepentido
de una raza prisionera,
cuánto mal hizo Lutero
al abrir aquella puerta,
que ahora son ya los ateos
prisioneros de la iglesia.
Qué visión tuviste bella,
qué sentir tan deslumbrante.
Ya no hay dioses ni hay falange,
sólo puntas de una estrella
que consume su arrogante
relucir cuando se quema
el mal fruto de los huertos,
siendo ave que no vuela
con sus ángeles que han muerto.
Como el mar de sal tentado
el humano es sal de vida,
no hace falta más humano
que el humano y su guarida.
Y el valor que es atrapado
nunca llega a su medida,
porque viene de otro lado
y lo tiene quien lo quita.
Mas, ¿podré ver alto al santo
si en la tierra fue cantina?
Todo ser lleva su canto
y en el mundo se asesina.
¿Habrá un horror más grande
que postrarse a la mentira?
No sabe de su padre
cuando un hijo se arrodilla.
Cristianos cerdos de razón,
¡cuán grande es vuestro insulto!,
que me llena desazón
veros falsos y de bulto.
Yo, ya no soy yo,
ahora soy lo menos culto,
porque culto soy mayor
y de niño tengo mucho.
El imbécil del Dragó
se detiene entre su ducha,
verborreas su quehacer,
mucha letra y poca lucha.
Para qué decir de mucho
si después nadie se ofende,
di lo poco si no es truco
y verás que alguien aprende.
Di una vuelta por el monte
para ver bien la montaña,
desde el alto vi la plebe
insistiendo en su mañana,
y al querer subir su norte
no pudiendo con la hazaña,
decidió crear un héroe
para darle su alabanza.
Y al bajar llevé las tablas
del engaño y la patraña,
que les hizo ver el mundo
más allá de la guadaña;
y siendo un pueblo moribundo,
por un dios que lo preñaba,
fue nacido el inframundo
psicológico que estalla.
Israel de la mentira,
padre todo de los cristos
Por un moro yo lloraba
cuando el árabe me dijo,
eres libre en tu lamento
y el dolor te santifica,
ve la luna, el firmamento.
Vi la noche que gritaba:
tu verdad es lo que siento,
nunca escuches a quien habla
de perdones y fermentos,
que la vida son dos llamas
y la noche el fuego eterno.