Hejaran
Poeta asiduo al portal
EL GAMÍN Y SU DOLOR
Hoy te desprecia la vida sin saber cuál es tu culpa, para esto no hay disculpa y no en balde te tratan de miserable.
El sólo haberte engendrado en el vientre de tu madre el mal ya estaba dado y eso que no habías nacido, si hubieras sabido lo que pasaba mejor no haber venido. Desde el primer instante a todo el mundo fastidias, no conoces una caricia ni amor, sólo desidias.
Lloras permanentemente y esto molesta, parecen no darse cuenta que tu llanto es como el piar del pichón que al amanecer pide algo de comer. Por más que llores no hay nada para darte, lo mejor es aguantarte, son más seguras y saladas las lágrimas que el alimento del cual apenas percibes el aliento.
Si logras sobrevivir lágrimas te faltarán y nadie sabrá de tu vida qué será.
Tu presencia en el mundo es más que una desgracia y aunque te veas hambriento a nadie le preocupa ni le da remordimiento.
Hoy te desprecia la vida sin saber cuál es tu culpa, para esto no hay disculpa y no en balde te tratan de miserable.
El sólo haberte engendrado en el vientre de tu madre el mal ya estaba dado y eso que no habías nacido, si hubieras sabido lo que pasaba mejor no haber venido. Desde el primer instante a todo el mundo fastidias, no conoces una caricia ni amor, sólo desidias.
Lloras permanentemente y esto molesta, parecen no darse cuenta que tu llanto es como el piar del pichón que al amanecer pide algo de comer. Por más que llores no hay nada para darte, lo mejor es aguantarte, son más seguras y saladas las lágrimas que el alimento del cual apenas percibes el aliento.
Si logras sobrevivir lágrimas te faltarán y nadie sabrá de tu vida qué será.
Tu presencia en el mundo es más que una desgracia y aunque te veas hambriento a nadie le preocupa ni le da remordimiento.
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