• Nuevo Hazte Mecenas sin publicidad, blog propio, y apoya la poesía en español. Mi Libro de Poesía · Métrica Española (beta)

El golpe.

Ad Libitum

Poeta recién llegado
No, señoría, nunca me pegó.

Durante siete años,
nunca tuvo los cojones de tocarme.

Ese no era su estilo. Él jugaba otra liga.

Como esa de follarse a mi mejor amiga
para poder escupirme a la cara
que la chupaba mil veces mejor que yo.

O la de controlar de qué manera
me vestía cuando salía con él

y taparme la boca diez mil veces
para que no se escuchara mi risa por la calle.

Ah, luego estuvo eso
de llamarme semanas enteras y repetidamente
a altas horas de la madrugada

/en ocasiones con ese asqueroso aliento a birra
al que olía su voz desde el teléfono
y alguna que otra vez,
por variar,
con ese trabalenguas de estar puesto
de speed hasta las cejas/

y convertir así mis mañanas de curro
en ojeras a través de las que todo mi mundo
se me iba haciendo cada vez más y más borroso.

Si, señoría, estaba acojonada.

No, señoría, nunca pedí ayuda.

Un día me llamó de madrugada
con su coche esperándome en la puerta
para que saliera corriendo a terminar
ese "trabajo a medias"
que otra "le había dejado" entre sus piernas.

SÍ, señoría.
Fui obediente.

Me cerraba las puertas de su casa
para que su familia no descubriera a ese monstruo
que metía en su cama cada noche

Y venía a mi hogar
a escupir sobre él
y a decirme gritando
"No sé cómo no te averguenzas
de traer a este zulo a tus colegas."

Me enseñó que debía avergonzarme de mi risa,
de mi cuerpo,
de mi ropa,
de mi casa,
de
mi
gente.

No, lo siento, ni un triste parte médico
con dos o tres hematomas mal disimulados
tengo para probarle mi condena.

Esta de siete años
con el miedo cagándome la voz,
con la culpa clavándose en mi cuello.

Porque no me pegó.
No, señor juez.
Ni una sola puñetera vez.

No le hizo falta.

Fue un maestro ejemplar
en enseñarme miedo
y sabía que sólo hace falta alzar un palo
para hacer agachar a un animal herido.

Y así me enseñó, durante siete años,
a no tener ovarios para defenderme

y por eso esa noche

cogiendo a peso muerto mi cuerpo desnudo,

follándose mi cadáver al aire

al brillo de mis pupilas blancas.

Por eso mi cuerpo inerte cuando /después de vaciarse en él/
coronó su función con un

"Perdón"

jadeando
en
mi
oído.

Ni una cicatriz más
que las más de cincuenta
que decoran mis piernas
cuando mis brazos sólos en la noche
recuerdan el dolor
partiendo en dos mi coño
y enloquecen hasta romper la piel
en mil pedazos nuevos
para que dejen de doler los golpes.

Esos golpes que su sentencia escribe ahora
que este cuerpo gastado nunca recibió.

Estas venas sangrando tinta china
con las que sella usted ahora en nombre de su justicia
que el caso está archivado,
que no hay lesiones visibles
ni hubo resistencia de la víctima

que no fue más

que una

/de tantas otras/

violación

consentida.
 
Muy bueno, hay crímenes que son muy difíciles de probar y, sin embargo, están ahí: destrozando vidas.

Un saludo
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba