CFM
Poeta recién llegado
Sucede a mi espíritu hastiado a veces
que místico abandona
de mi brazo el nido cálido en fiebre,
gentilísima loa,
para elevarse hacia el lejano éter.
Lo imagino a El cual un halcón que añora
su juventud perenne,
insondables cielos, montañas foscas,
la libertad ya breve
do ensuéñase su eternidad solloza.
Trasponiendo catedrales lo he visto,
príncipes coronados
saludar de Reims, fúlgido y divino
donde el signo sagrado
monarquías redime en su albedo tinto.
Hay ocasiones en que al Louvré, alado,
arriba pues, festivo,
retratándose en cada único cuadro,
gráciles paisajismos,
junto a griegos, flamencos y oh, romanos.
Sobrevolando el desierto infranqueable,
fugitivo, si eterno,
con las esfinges, coloquios afables,
discusiones, anhelos,
al pie de la inmortalidad comparte.
Desde la extremidad del firmamento
suele junto a Zeus y a Hades
espirituales visiones, lamentos
atender y admirarse
cual inocentes niños ante espejos.
Se unirá El con los ángeles curiosos
antes de a mi tornar;
plúmulas los destellos luminosos
fiel atesorará
de la benedicta paloma de oro.
-¡Y, oh, divina metamorfosis ya,
a través de sus ojos
paisajes miles me hará El soñar,
su cántico sonoro
en mis letras alcanzando a trazar!-
que místico abandona
de mi brazo el nido cálido en fiebre,
gentilísima loa,
para elevarse hacia el lejano éter.
Lo imagino a El cual un halcón que añora
su juventud perenne,
insondables cielos, montañas foscas,
la libertad ya breve
do ensuéñase su eternidad solloza.
Trasponiendo catedrales lo he visto,
príncipes coronados
saludar de Reims, fúlgido y divino
donde el signo sagrado
monarquías redime en su albedo tinto.
Hay ocasiones en que al Louvré, alado,
arriba pues, festivo,
retratándose en cada único cuadro,
gráciles paisajismos,
junto a griegos, flamencos y oh, romanos.
Sobrevolando el desierto infranqueable,
fugitivo, si eterno,
con las esfinges, coloquios afables,
discusiones, anhelos,
al pie de la inmortalidad comparte.
Desde la extremidad del firmamento
suele junto a Zeus y a Hades
espirituales visiones, lamentos
atender y admirarse
cual inocentes niños ante espejos.
Se unirá El con los ángeles curiosos
antes de a mi tornar;
plúmulas los destellos luminosos
fiel atesorará
de la benedicta paloma de oro.
-¡Y, oh, divina metamorfosis ya,
a través de sus ojos
paisajes miles me hará El soñar,
su cántico sonoro
en mis letras alcanzando a trazar!-