Arturo Ciorán
Poeta recién llegado
Papá me habló del hambre.
Vivió en la calle por un tiempo,
un pordiosero en una plaza capitalina.
El hambre duele.
Allí dentro no hay nada;
el estómago se consume a sí mismo.
Y no se cura con comida;
empeora.
Al cabo de tanto tiempo,
el primer bocado es una tortura,
una oración parida por la mano
de Dante Alighieri,
un borrón depravado equivalente
a meses tras las rejas
para el Marqués de Sade;
sentís el recorrido del bolo alimenticio;
repta por el esófago hasta penetrar
a la fuerza ese receptáculo autocanibal
devenido en una bolsita
del tamaño de un puño.
Los comunistas liberaron
a los prisioneros de Auschwitz,
algunos soldados les dieron alimento
y los mataron sin querer.
Los mató la piedad.
Eso es el hambre,
traición.
Vivió en la calle por un tiempo,
un pordiosero en una plaza capitalina.
El hambre duele.
Allí dentro no hay nada;
el estómago se consume a sí mismo.
Y no se cura con comida;
empeora.
Al cabo de tanto tiempo,
el primer bocado es una tortura,
una oración parida por la mano
de Dante Alighieri,
un borrón depravado equivalente
a meses tras las rejas
para el Marqués de Sade;
sentís el recorrido del bolo alimenticio;
repta por el esófago hasta penetrar
a la fuerza ese receptáculo autocanibal
devenido en una bolsita
del tamaño de un puño.
Los comunistas liberaron
a los prisioneros de Auschwitz,
algunos soldados les dieron alimento
y los mataron sin querer.
Los mató la piedad.
Eso es el hambre,
traición.