Kwisatz
Poeta asiduo al portal
EL HASTÍO
Imaginen que estuvieran maniatados sin posibilidad de escapar y reprodujeran en bucle una y otra vez una melodía de forma indefinida, infinita, sin pausas.
Tal vez podría ser la odiosa tonada de un anuncio, o tal vez su melodía favorita. Igual da.
Antes o después llegarán a odiarla, hasta causarle nauseas. Se retorcerán para liberarse, para taparse los oídos, suplicarán por un minuto de silencio, por una nota discordante, mientras la melodía suena y suena taladrando su cordura.
La monotonía, la predictibilidad, la repetición sin fin que mata la mente. Es una tortura intelectual para el cerebro humano ávido en experiencias.
¿Recuerdan cuando eran niños? Todo era nuevo y excitante. Cada segundo un nuevo descubrimiento. Cumplir años tenía significado, siempre con una meta en horizonte, el mundo parecía abrirse ante nosotros como un exuberante jardín lleno de posibilidades a explorar.
Sin embargo conforme crecemos y experimentamos la vida esta ilusión se va desvaneciendo.
Nos encerramos en vidas monótonas, atrapados en cuerpos que envejecen, condenados a satisfacer necesidades fisiológicas una y otra vez para poder sobrevivir.
El viejo juego de buscar el placer y evitar el dolor.
Prisioneros de una rutina, de un rol, de un trabajo, de representar el papel que nos ha tocado desempeñar.
A la larga todo se repite, y si no lo hace, por lo menos rima. Tratamos de disimularlo buscando desesperadamente nuevas sensaciones, nuevos estímulos, pretendiendo dar un sentido así a nuestras vidas, a nuestras acciones.
Sin querer admitir que vivimos condicionados por nuestra programación biológica y que nuestra percepción es limitada y finita, sin alcanzar a comprender realmente nada, sólo a especular.
No importa cuán hermosa sea la melodía, ni cuán plena sea su vida.
Nadie quiere el Eterno Retorno, porque es precisamente lo irrepetible, lo inesperado, lo que hace valiosa la existencia.
Y es por ello que existe la Muerte que nos libera del Hastío de existir.