(Reedito este poema al estar desconfigurado)
En un local oscuro junto al mar,
entrada la noche,
me hallo sentado a la barra del bar
observando a un hombre cano
entre humo y alcohol
tocando el piano.
Pescadores postrados a la barra,
escuchan su melodía antes de hacerse a la mar.
Una mujer engalanada,
acompaña con su modulada voz
las notas de amor
que se escapan de las teclas del piano,
donde el hombre cano
sostiene en sus labios
el cigarrillo que se va consumiendo y
un vaso de whisky a medio vaciar le espera.
Acercándome al piano,
y a través de sus gafas,
sus ojos dejan ver
la imagen de una mujer,
sonriendo tal vez
o producto de él,
de su memoria al recordarla.
¿Quién es? - le pregunto.
¿La ve? - me contesta.
Es la vida que un día al cruzarse en mi mirada,
me enseñó el significado de la palabra amor siendo yo jovial
(me argumentaba sin dejar de tocar)
y de quien me enamoré perdidamente en este local estando yo tocando,
el mismo piano.
Cuarenta años hemos cumplido – proseguía entre notas -
desde que en la vieja capilla del puerto,
donde los pescadores oraban antaño
antes de hacerse a la mar con sus barcazas,
un abate nos desposó,
dejando nuestros corazones por siempre unidos.
¿dónde está ahora? - le pregunto de nuevo,
la estás escuchando - replica –
Mirándome a los ojos, adivina mi pregunta…
Es muy sencillo – continuaba -
Basta con mirarnos como el primer día, la primera vez,
mimarlo como si no existiera un mañana,
amamantarlo en el vivir diario,
hasta que llegue el señalado día.
Luis Prieto Espinosa
derechos reservados
( Mis disculpas por la desconfiguración sufrida en el foro de Amor)
Última edición: