acontista1967
Poeta recién llegado
EL HOMBRE MUERTO
A la hora de albergarnos la sombra de los sauces,
el sol, espeta un vaho tibio por entre los cardúmenes frondosos.
Una lepra de luz, con serena porfía,
infesta un malogrado montículo nervudo
de aliento a fruto hurgado por aves carroñeras.
Los heraldos del aire, zumban en su liturgia y se agitan,
nomadeando por los hondos espejismos viscerales
de un cuerpo de vestir casi desnudo
que dormita en desorden para siempre
- oculto a los baluartes del temor y la fe -.
El silencio confuta el bajo estruendo terco
de las atrafagadas criaturas del muñón;
a juzgar por la quietud, no falta nada,
o sólo hay nada,
esa extraña manera de hacer a plenitud
el inventario exacto de las cosas :
aquí unas cuantas líneas,
cierto matiz y ciertas formas,
y algún otro sofisma
y un preciso criterio taxonómico
y una tabula rasa para crucificar pedazos de conejo
en cuya muerte presumir el misterio de la vida.
A la hora de albergarnos la sombra de los sauces,
el sol, espeta un vaho tibio por entre los cardúmenes frondosos.
Una lepra de luz, con serena porfía,
infesta un malogrado montículo nervudo
de aliento a fruto hurgado por aves carroñeras.
Los heraldos del aire, zumban en su liturgia y se agitan,
nomadeando por los hondos espejismos viscerales
de un cuerpo de vestir casi desnudo
que dormita en desorden para siempre
- oculto a los baluartes del temor y la fe -.
El silencio confuta el bajo estruendo terco
de las atrafagadas criaturas del muñón;
a juzgar por la quietud, no falta nada,
o sólo hay nada,
esa extraña manera de hacer a plenitud
el inventario exacto de las cosas :
aquí unas cuantas líneas,
cierto matiz y ciertas formas,
y algún otro sofisma
y un preciso criterio taxonómico
y una tabula rasa para crucificar pedazos de conejo
en cuya muerte presumir el misterio de la vida.