Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Quiero que todo el mundo piense como yo.
Imposible.
Pero ése es mi camino, puesto que pongo a prueba la mente.
Involuntariamente también.
Incluso me contradigo en mis textos, porque todo forma parte de pasajes mentales, de superación de conflictos.
Dichos conflictos solo se dejan atrás con nievas ideas.
Una idea es una solución, de todas todas.
Una idea no consiste solo en pensar de una forma diferente o contraria, sino que también radica en la imperfección.
Para obtener la idea absoluta se necesita unificación.
La unión de las mentes.
Las mentes están diseñadas para pensar de una misma forma.
El mundo es un rompecabezas.
El hombre tiene todas las respuestas en su mente.
Todo hombre las tiene.
Ocultas entre sus conflictos mentales.
Pero el hombre no puede concebir ideas ajenas.
Porque las verdaderas ideas forman parte de la negación de los conceptos y juicios.
De la crítica y autocrítica.
El hombre necesita pensar por sí mismo.
Esto es, para compartir estas ideas, el hombre necesita comprenderlas.
Estas ideas no son autorreferenciales.
Son una herramienta para alcanzar la meta del pensamiento.
No son ideas que pretendan llevarse toda la gloria tampoco, porque son ideas producto de mi naturaleza, de lo que me trajo hasta ellas.
La frustración.
El hombre necesitaría primero sentirse frustrado con todo para poder concebirlas.
Solo así desaparece la frustración.
Y se da paso a la ecuanimidad.
Eso es, para unificar las mentes, las cuales funcionarían como una gran red universal, es preciso obrar conforme a la fuerza motriz del hombre:
La voluntad de poder/éxito/gloria.
El hombre que no lo ve de esta manera cree en el amor como forma de masificación.
Pero el amor es una barrera que suscita confusión y conflictos en la mente, que atrasa y actúa negando la fuerza de la mente.
Es por ello que el hombre solo se encuentra a sí mismo en soledad, entrando en su propia mente.
Para romper su soledad le basta con no sentirse solo.
Se sentirá acompañado si está autocomplacido, es decir, si actúa conforme a su esencia, porque la esencia del hombre le une, le vincula con todos los demás.
Y es la lógica la que representa la impotencia.
La lógica se puede cambiar a voluntad.
Basta con pensar al límite, puesto que la lógica no se cuestiona nada, sino que se instaura de divrrsas formas en cada uno de nosotros.
Lo que para unos es lógico para otros puede resultar caótico, como una contradicción.
Es por ello que el texto es reiterativo, no en torno a lo mismo, sí en cuanto a su intención.
Pero la intención forma parte de otro conflicto vital:
La inseguridad.
El hombre necesita deshacerse de la intención para alcanzar la aleatoriedad, que es el único estado capaz de trascenderlo.
Esto es, pensar y actuar conforme a todo tipo de ideas, pero siempre con el mismo resultado:
El regreso a la naturaleza humana.
Así el hombre emprende su viaje satisfactoriamente sin moverse del sitio.
Vuelve a sus orígenes.
Y más allá del origen está el orden.
La perfección.
Lo que ha roto el orden y la perfección y la armonía y la atracción entre todas las mentes no ha sido otra cosa que las consecuencias de la ciencia.
No se puede investigar algo abstracto.
La mente del hombre solo se prestará a la perfección cuando concrete su propia evolución.
Para ello la unificación de la mente es la utopía, la fantasía que todo hombre lleva en secreto, en lo más desconocido de su mente.
Pero el hombre puede alcanzar también la perfección por sí mismo, llevando sus pensamientos al límite de los de los demás.
Ello le permitirá saber, conocer su propia identidad.
No porque piense diferente, sino porque sabrá que a partir de su identidad puede imaginar lo real.
Y realizar lo imaginario, puesto que lo imaginario forma parte del subconsciente, y como tal, lo imaginario es conocido por la mente.
Si conocemos lo imaginario, todo cobra sentido.
Lo imaginario es el culmen aparente de la mente.
Pero lo imaginario no tiene límites porque los hombres no saben que en el fondo todos piensan de la misma forma.
Lo imaginario es el primer límite, el primer pensamiento del hombre.
La ciencia del hombre, y que nadie puede investigar.
Esto es, para alcanzar la mismidad de la fantasía y la realidad, el hombre y su mente precisan concretar el subconsciente.
Para ello, el razonamiento que lleva al caos necesita un patrón.
El mayor conflicto de la mente no es otro que la disociación de la realidad.
La idea como tal, por lo tanto no existe, sino la evolución del pensamiento, de la inercia del orden categórico en una sola dirección.
Para ello no se necesitan objetivos.
Solo respuestas.
Las respuestas aparecen cuando la mente del hombre alcanza el nivel cognitivo de otra mente más evolucionada, más sencilla, más profunda.
Pero todo hombre puede alcanzar dicha profundidad.
Somos iguales en cuerpo y mente.
Pero quien evoluciona no se conforma con que nadie comparta sus ideas.
Lejos de ello, se incrementa su ambición.
Ejerce todos sus esfuerzos en una sola dirección: su plenitud.
Al margen, por tanto, de la raza humana, puesto que la meta de todo hombre es la independencia mental.
La autosuficiencia mental.
Si no obtiene respuestas en los demás las busca en sí mismo.
Y llega a conclusiones propias que no aplica a nada.
Esto es, la propia esencia del hombre, inherente a él, aparece cuando el hombre comprende subconsciente.
Para ello, se nutre de la herramienta más eficiente:
La consciencia.
No es necesario vivir en armonía con el mundo, sino con la mente.
Así el hombre crea su propio universo.
Le da la forma que quiere, porque es exactamente igual plasmar una idea o realidad o respuesta que otra, y ya que el avance de su propia mente se basa en la indiferencia.
En ello consisten mis textos.
En indiferencia aplicada a un orden caótico y categórico de ideas.
El subconsciente me da lo que el mundo me quita.
Cobra incluso más fuerza y pureza que la cuestión.
Las respuestas aparecen solas.
Una cuestión puede ser también una respuesta.
Esto es, la retórica es sabiduría, en el momento en que se diferencia la influencia del caos en mis ideas y la verdadera razón, fruto únicamente de la creación.
La creación aparece cuando la introspección desaparece.
Por lo tanto, mis aspiraciones se cumplen.
Para que dichas aspiraciones desaparezcan basta con llevar el subconsciente al límite.
Unir lo imaginario y lo real.
No es que no crea en el ser humano.
No.
La realidad es que no creo en nada.
No vivo en el vacío, en ningún vacío existencial.
No.
Por la simple razón de que no existe el vacío existencial, sino la duda.
La duda aparece cuando el hombre limita sus pensamientos a conclusiones.
Sus conductas a decisiones.
No es que no quiera aprender nada de nadie, es que sé perfectamente dónde están las respuestas.
Todo hombre lleva dentro de sí a Dios.
No al concepto de Dios.
Y yo soy igual a todos los hombres.
Dios es la imaginación, la perfección, la armonía de la mente, del subconsciente.
Para llegar a él basta con demostrar porqué el hombre lo lleva dentro como ideal, en forma de ego, y otras manifestaciones.
No existen sucesos sobrenaturales, sino incapacidad por parte del hombre para comprenderlos y explicarlos.
Esto es, para extraer al Dios que llevamos en la mente, hay que recorrer todas las ideas.
No cometer el error de idear a Dios, no.
Dios es la cuestión del hombre, del subconsciente.
Para que el hombre actúe fuera de su mente, conforme a su sobrenaturalidad, porque todo hombre es sobrenatural, ya que es capaz de imaginar, y dicha capacidad reprimida en mayor o menor medida calibra el nivel de inadaptación del hombre, ya que la inadaptación empieza por la mente, es completamente imprescindible que elimine todo tipo de deseos, ambiciones y pretensiones.
Esto es, para alcanzar su divinidad, el hombre debe deshacerse de sus creencias, puesto que le stan a las controversias y contradicciones.
La mente en sí no es una contradicción, sino el último escollo para que la imaginación sea tangible.
La imaginación es un sucedáneo de Dios.
De la creación contenida del hombre.
La imaginación y la creación son posibles solo a través de un estado permanente de trascendencia.
Y el hombre puede trascenderse a sí mismo definitivamente solo a través de su propio universo.
Me explico:
Nadie es capaz de sentir el vacío.
Pero el vacío es la solución definitiva.
Cuando el hombre sienta, perciba el vacío en su mente, y todos sus sentidos se centren en ese vacío, la influencia del subconsciente desaparecerá.
Ésta es la respuesta a la nada, que nadie jamás ha podido desarrollar, porque la nada no se razona, sino que se siente.
Para ello, la meditación es la herramienta perfecta.
Adquirir no solo el grado máximo de consciencia, sino la observación contemplativa.
La cuestión divina se resuelve a través del vacío, de la congregación de los sentidos conocidos en lo desconocido.
El hombre lleva esto en su identidad.
Es por ello que existe la duda existencial.
Porque el hombre sabe profundamente que le falta algo.
Pero la nada no es algo, hasta que deja de ser nada.
Lo que nos rodea, el mundo físico, no son más que manifestaciones de la nada.
El hombre persigue ideas, no principios ni creencias.
La nada es la meta de todas las ideas.
Para que Dios, el hombre, se complete, precisa del subconsciente.
Pero el subconsciente es confusión, puesto que la confusión ajena confunde también al hombre, por muy fijas que sean sus ideas.
Basta con reconocer la identidad del hombre para que la nada aparezca en la mente, y suponga el paso previo a Dios.
Porque en la nada, en el verdadero vacío de la mente, será donde Dios conciba a Dios, que es Dios, ya que solo la nada puede crear a Dios.
Porque la nada en sí mismo, la nada sola, es un conflicto de la perfección.
Y la perfección en la nada no puede existir, puesto que la nada por sí sola no puede ni podrá nunca ser perfecta.
Toda nada necesita creación, puesto que sin mente, es decir sin límites, aparece lo máximo a lo que la nada puede aspirar.
Esto es, Dios.
Dios, sí.
A través de la palabra se puede convencer, pero nunca trascender a otras mentes.
Precisamente porque ello es antinatural.
El hombre necesita trascenderse a sí mismo.
Captar su nada.
Percibir, masticar su nada.
Esa nada le dará la única solución.
La solución que el hombre solo puede concebir en la nada.
La nada es un estado mental, por eso nadie pudo jamás teorizarla, razonarla.
La nada es un Dios reprimido.
Esto es, la nada es la pregunta y Dios la respuesta.
Esto es lo más natural que se puede conocer.
La nada no forma parte de la experiencia, sino de la abstracción.
Dios sí forma parte de la experiencia.
De la conciencia.
El hombre no obra conforme al bien o al mal.
No obra conforme a la creencia en Dios.
El arrepentimiento nace del subconsciente.
Es por ello que el hombre que no se arrepiente no forma parte ya de su propio subconsciente, se desvincula de él, porque comprende que Dios existe dentro de él, y no de su fe.
La fe no puede producir nunca arrepentimiento, ni distinción entre el bien y el mal.
Lo único que induce a esto es la sobrenaturalidad del hombre.
El hombre no aprende el bien o el mal, ni siquiera la fe.
Lo único que el hombre aprende es a ser Dios.
Me explico:
Dios no fue concebido por la mente, sino por la imaginación.
Y la imaginación no forma parte de la mente, sino de Dios.
La imaginación es el paso previo a la creación.
La imaginación no nace de la impotencia, simo de la potencia mental.
Y la potencia mental sin conflictos es capaz de crear, porque solo se alimenta de sí misma.
La nada no es la muerte.
La nada es un estado mental oculto.
El último concepto a derrocar.
Para que el hombre sea Dios no debe ser.
Porque ser implica existir, y en la nada no existe nada.
Solo la desolación de los conceptos.
Dios es la voluntad del hombre.
La inocencia conduce al amor.
La sabiduría, a Dios.
La sabiduría es amor por la unicidad del individuo.
Dios solo puede sentir amor infinito a través de la sabiduría.
Para alcanzar el amor infinito se deben resolver todos los conflictos de la mente.
Para alcanzar a Dios, el conflicto del todo y la nada.
Dios existe y no existe, porque Dios es hombre y es Dios al mismo tiempo.
Esto es, la percepción de la nada conduce a Dios, porque Dios es la anulación de los sentidos.
Dios es incorpóreo.
Dios no es la esencia de la nada, sino la construcción de las realidades, de las respuestas.
Lo que Dios crea no es lo que se le atribuye, sino que las atribuciones divinas hacen al hombre.
Solo existe algo por encima de Dios:
La evolución.
Cuando la raza humana se una, será a través de su propia trascendencia.
Para entonces no necesitará unión, ni evolución, puesto que la evolución no es cuestión de tiempo, sino de adaptación, y cada cual se adaptará a su propio universo.
A su propia naturaleza.
Dios crea, no destruye, porque en Dios no existe el error.
Dios es perfecto porque es la plenitud del hombre.
Y el hombre pleno no comete errores, sino que, lejos de ello, es aceptación de todo lo que crea.
Esto es, Dios como tal existe en la identidad del hombre, pero también es una ilusión.
Dios es una ilusión porque el hombre necesita romper con el concepto de las ilusiones para llegar a Dios.
El hombre necesita realidades, evidencias divinas para creer en Dios.
Pero Dios no se las dará porque vive dentro de él.
Esto es, lo que para la identidad del hombre son evidencias, para su mente son conflictos conceptuales.
Solo hay una posibilidad de alcanzar a Dios:
Creyendo en el primer hombre que demuestre la imperfección de la mente.
La perfección de la mente no existe, porque Dios no tiene mente ni límites.
Esto es, la infinitud y el poder de la mente son los mayores engaños que el hombre asume como reales.
El subconsciente se abandona una vez que el hombre asume su verdadero sentido: convertirse en Dios.
Para ello, no necesita ayuda.
Simplemente basta con percibir la nada entre las cosas aparentemente reales.
Y es que la realidad no existe, porque los sentidos buscan la trascendencia, no la observación.
Dios solo trasciende.
Ésa es la cuestión que todo hombre lleva dentro.
Al hombre no le condiciona el bien o el mal, sino la imperfección.
Dios, la perfección, la nada, la creación son también otro concepto, hasta que el hombre los vea como la verdadera realidad de su mente, la verdadera realidad tangible, de la cual emanan todas las demás.
Dios solo se puede alcanzar a través de la libertad de expresión.
La libertad de expresión implica divinidad, puesto que es libertad de creación.
Y Dios crea libremente.
Dios vive en la conciencia del hombre, no en la conciencia social.
Es por ello que cuantos más hombres confluyen, cuantas más mentes confluyen, msyor es el conflicto.
Es por ello que el hombre debe pensar por sí mismo.
Al margen de los conceptos, se sentirá Dios.
Porque sentirá la creación, y sabrá que su identidad es lo único realmente realizable.
Dios no ha nacido del hombre, sino del primer hombre que alcanzó el estado mental de la nada.
Su verdadera solución a todo.
La verdad no es un concepto, sino que es la manifestación divina previa a la creación, física o intelectual, ilusoria o real.
La verdad, al margen de todo, es verdad.
La mentira nunca es mentira, sino desconocimiento profundo de la confianza y la seguridad en la cuestión divina, porque la verdad implica perfección, y el hombre se resigna a no creer en la perfección.
La nada como concepto desaparece cuando se crea conforme a la propia identidad.
Así desaparecen todos los conceptos, y el hombre se siente Dios, física o incorpóreamente, puesto que para alcanzar dicha incorporeidad, el hombre precisa de creación, creación que suponga la máxima liberación posible:
Identidad de Dios, ubicuidad de su identidad divina.
La desaparición de la mente como utensilio se producirá cuando el hombre sea totalmente consciente de que la mente es un peldaño en la evolución hacia Dios.
Esto es, todo lo que forma parte de la mente obstruye la capacidad de creación.
Dios crea perfectamente.
El hombre puede ser Dios solo con la nada.
Dios y la nada, ese estado mental previo a Dios, se alcanzan a través de la aceptación plena de todo tipo de realidades.
Lo que el hombre no puede demostrar, y que supone su nada, porque la nada es lo único que no se puede demostrar, nunca será aceptado.
Esto es, el hombre a través de razonamientos existenciales no puede trascender a otras mentes, por la razón.
La razón es el espejo del hombre.
Me explico:
La razón es un obstáculo que impide la realización de la mente, porque es contraria a Dios.
La perfección es contraria al hombre que se conforma con el todo.
La divinidad es la gloria que el hombre alcanza a través de la influencia ética que le ha capacitado para resolver todos sus conflictos.
Dios aparece cuando el hombre deja la duda atrás.
Porque solo se puede crear con certezas.
Y las certezas son propias y las mismas para todos los hombres, pero diferentes a las de Dios.
Y es que Dios no es una contradicción ni una demostración.
A Dios no se llega a través de la mente, sino de la adaptación de la cuestión divina a la cuestión universal.
Esto es, aceptar la mente como Dios temporal.
Así el hombre confía en su vacío.
No a través del ego, sino del subconsciente.
Y para que ambas cuestiones se resuelvan, el hombre debe asumir su propia evolución, no negarla.
Me explico, el hombre no debe cuestionar a Dios, sino la realidad.
Dios y la cuestión universal son lo mismo, porque la cuestión universal forma parte de Dios.
Esto es, la solución definitiva es la diversidad del ser.
Convertirse en Dios y hombre al mismo tiempo.
Esto es completamente posible, puesto que la ilusión obra el milagro.
El milagro consiste en la aceptación de la mente de algo que es incapaz de concebir.
Pero el subconsciente engaña al hombre, puesto que la imaginación que en él habita le condiciona, le nubla el juicio.
Todo está inventado, excepto la manifestación divina a ojos del juicio.
El juicio es lo único capaz de limitar el poder de la mente.
La influencia de nuestra propia identidad.
Esto es, Dios existe en la ilusión, y se asocia con lo sobrenatural porque el límite del pensamiento no es otro que la opresión social y cultural.
La negativa a la evolución del hombre, puesto que la evolución implica cambio, y eso asusta siempre, porque el Dios que vive en nosotros es invariable, como nuestra identidad divina.
Dios es la solución.
No la creencia en Dios.
Dios proviene del hombre, del hombre capaz de captar su esencia sin afirmaciones ni juicio.
Cuando el hombre concluya que nada importa, más que Dios, dejará los conceptos atrás, y se unirá a él.
Esto es, la cuestión universal y la divina formarán parte del subconsciente hasta que la mente alcance el estado de gracia divina, de consciencia absoluta, de omnisciencia, puesto que la omnisciencia se asocia con la finitud de las inquietudes y la eternidad de sabiduría, pero dicha asociación es la fantasía, la manifestación de la impotencia del hombre.
Dios, cuando se complete, sabrá todo lo que necesita saber, puesto que para crear es necesario saber que la necesidad no existe.
Únicamente eso.
Dios y el hombre serán uno, porque todos los hombres son potencialmente Dioses.
Dios nació de la imaginación, ya que las afirmaciones que conducen a él son fantasiosas, hasta que el hombre alcance la independencia moral, que es la perfección.
Esto es, Dios no es un misterio, sino la mente del hombre.
Dios está dentro del hombre porque es el último misterio.
La última voluntad del hombre.
Dios es hombre y Dios al mismo tiempo porque la diversidad es trascendencia, múltiplo de Dios.
Funcionamos como una red de mentes con pretensiones divinas.
Es por ello que el hombre nunca convence al hombre de nada.
El hombre solo se convence a sí mismo a través de la trascendencia que su mente le produce.
Así que el esfuerzo del hombre es Dios, no el poder.
El poder de convicción no trasciende, ni siquiera existe, porque el hombre solo acepta verdades ajenas cuando está enajenado.
Y aunque la sociedad sea en sí un enajenamiento mental, el hombre no lo percibe, hasta que se siente inadaptado.
La sociedad nunca llegará a Dios.
Solo el hombre puede llegar a Dios.
La afirmación o negación de Dios solo es el último conflicto del hombre.
El hombre no se puede negar a sí mismo.
Es por ello que Dios vive en él.
El hombre solo acepta la realidad perfecta.
No me refiero a la felicidad, sino a la trascendencia.
El hombre está hecho para alcanzar a Dios, porque el mundo evoluciona para romper las creencias del hombre.
De ahí surge el caos.
El hombre en el mundo no forma parte de él, sino de una trascendencia moral y perfecta.
La identidad del hombre no es lo mismo que su destino.
No todo está predestinado, solamente las manifestaciones de nuestra esencia, las cuales conducen a ella.
El hombre en sociedad es un obstáculo para el hombre.
El hombre en su subconsciente navega a la deriva.
Esto es, el subconsciente revela, pero no trasciende realmente al hombre.
Solo la nada lo hace.
Dios no es la nada, sino que es y no es, por el simple motivo de que no se le conoce.
Por ello la sociedad está dividida entre ateos y creyentes.
Porque el hombre lleva dentro a la nada y a Dios.
Esto es, el hombre es completamente capaz de alcanzar a Dios por sí mismo.
A través de la superación del miedo a la muerte.
Dios solo puede existir de dos formas:
En la esencia del hombre y en la esencia de la nada.
Nadie cree en la nada, porque intentan racionalizarla.
Nadie cree realmente en Dios, porque intentan racionalizarlo.
El hombre quiere racionalizarlo todo.
El análisis, la crítica, la autocrítica, solo son muestras de falta de sentido.
Esto es, el interior de la mente funciona como un dispositivo de autodefensa.
El hombre no acepta nunca una opinión ajena.
Como mucho, la critica.
Se puede ser Dios en la realidad conocida.
Dios y hombre.
Basta con inmunizarse ante el todo.
Me explico:
A través de la libertad de expresión, la escritura, el pensamiento se vuelve visible, y puede trascender a nuestros sentidos, porque nace de la propia perfección.
La libertad es perfección.
Y el hombre conoce la perfección.
La reconoce, aunque la critique.
Esto es porque el hombre necesita alcanzar la perfección por sí mismo.
Y por lo que la manifestación de una consciencia que emglobe a todas las demás resulta inservible, excepto para la propia idea de perfección y armonía de dicha consciencia.
Al hombre solo puede trascenderle Dios.
Alcance o no, tangible o intangiblemente su identidad, el hombre habita en esas dos realidades.
Por lo tanto se puede ser Dios en cuerpo de hombre, y perfecto en la nada, porque de ahí surge la creación, la respuesta a la cuestión divina y universal, a lo conocido y a lo desconocido.
Y es que todo resulta conocido y alcanzable cuando el hombre-Dios se siente perfecto y completo.
Esto es, la diversidad del pensamiento le inmuniza y vuelve incluso ese pensamiento capaz de predecirlo y saberlo todo.
Dicho pensamiento es único y no forma parte de la mente, aunque haya nacido de ella.
Dicho pensamiento es la ciencia.
Y el hombre y Dios y la ciencia se unen armónicamente en la inexistencia de finitudes y conflictos.
Esto es, Dios no puede ser estudiado, sino alcanzado.
El hombre no puede ser estudiado nada más que por sí mismo.
Y la ciencia será útil únicamente cuando las consciencias se unan.
El conflicto previo a dicha unión radica en la resolución de la mentira a mamos de la verdad, de la propia identidad.
Y dicha verdad será perfecta, una vez superado el autoengaño como automatismo del hombre.
Esto es, una verdad perfecta y absoluta convierte al hombre en Dios, libre de intenciones y pretensiones.
Porque ahí radica la libertad de la creación.
Ahí radica la magia del mundo físico.
Ahí radica la unión de las consciencias.
El hombre confiará plenamente en el mundo físico a través de la unión y aceptación, puesto que todos los pensamientos llevan a un pensamiento único y perfecto, e indestructible:
La verdad.
Solo con ella el hombre puede distinguir la voluntad del Dios que vive dentro de él, y aceptar su propia naturaleza, su propia perfección.
A ojos de la sociedad y de su propia naturaleza.
La verdad mueve masas, y es el objeto de la consciencia.
Dios es el objeto de la verdad, y la consciencia del mundo físico, ya que el mundo físico es conocido precisamente por Dios.
Dios es el hombre, porque el hombre resuelve el misterio.
Y el misterio nace del desconocimiento.
El desconocimiento más dañino nace de la negación por parte del hombre de su propia naturaleza, inconscientemente.
Dios es consciencia máxima.
Y el hombre lo sabe porque persigue dicha consciencia.
El progreso social no existe, solo la destrucción del concepto divino.
La abolición de la voluntad del hombre.
El hombre juega a ser Dios cada vez más.
Pero ser Dios no es un juego.
Es conocimiento.
Y para conocer las tendencias sociales basta con observar sus consecuencias.
El hombre necesita resolver su mente.
Y para ello posee la mejor herramienta posible:
la duda existencial.
Dicha duda vive en el hombre porque el hombre es Dios y hombre simultáneamente, y asume dos realidades diferentes, pero posibles.
Esto es, la comprensión de cualquier materia objeto de la asimilación de ambas realidades es tan solo factible a través de la resolución de dicha cuestión existencial, universal.
Dicha cuestión solo se resuelve a través de la trascendencia.
Esto es, el hombre debe alejarse por un momento de Dios para alcanzar la aleatoriedad del pensamiento.
La trascendencia llega en el preciso momento en que el hombre elije, con consciencia total y absoluta, una de estas dos realidades.
Ello no implica que Dios desaparezca de su mente, sino todo lo contrario, lejos de ello, supone un acercamiento a la siguiente fase del subconsciente: la nada.
La nada puede perfectamente asociarse con cualquier cosa o materia.
Esto es por lo que el mundo funciona como funciona:
Con misterio.
Pero la nada no es misterio, sino integración inmaterial en la mente humana.
El paso anterior a concebir definitivamente a Dios.
La significación de todas las realidades, puesto que la nada es la unión, física o mental de todos los conflictos universales y existenciales.
El orden secuencial de las ideas guardadas en el subconsciente de todo hombre revela el camino para llegar a Dios.
Ello es motivo de unificación.
Dios es la identidad del hombre, y como tal, disposición del ánimo.
El hombre solo se siente perfecto cuando actúa o piensa conforme a dicha identidad, una vez reconocida.
Dios no es un imposible, porque Dios es la plenitud del hombre.
La superación de los conflictos supone la aceptación de la diversidad de la mente, de sus capacidades absolutas y completamente vívidas y trascendentales.
La nada se resuelve con trascendencia cognitiva.
Esto es, el hombre no necesita de su mente, sino de la trascendencia del conocimiento absoluto.
Para ello, Dios pasará a ser su objetivo ineludible, puesto que la nada formará parte de su conocimiento, y la nada conocida conduce a Dios, física o mentalmente.
Dios en la nada es totalmente fácil de concebir, puesto que la nada no influye en el intelecto.
Esto es, el hombre concibe a Dios, porque ha asumido todos sus estados mentales.
El universo ha enseñado al hombre a ser Dios.
La mente ha enseñado al hombre a ser Dios.
Dios ha enseñado al hombre a ser Dios.
Dios existe desde antes del hombre.
Pero no nació de él.
Dios ha sido la consciencia humana.
Dios existe fuera del juicio y la crítica, porque existe fuera de la mente.
Dios puede, por tanto, ser, en el momento en que el hombre resuelva su inquietud moral: el ser humano.
Dios y el ser humano se yuxtaponen en el momento en que la razón se apodera del subconsciente.
Esto es, el hombre-Dios es lo máximo a lo que se puede aspirar, y lo máximo que se puede alcanzar.
Dios es la meta del hombre, porque la perfección de Dios solo es posible a través de su unión con el hombre.
Dios no es conflicto de creencias, sino de miedos.
El hombre tiene miedo a sus pensamientos, a conocerse realmente, porque ello implica vacío existencial.
Otra manifestación de la nada.
La nada quedará atrás como concepto cuando el hombre se asocie con la trascendencia, cuando el hombre busque tan solo la trascendencia.
Porque la nada trascenderá al hombre para que éste llegue a ser Dios.
Dicha trascendencia será intangible, porque la nada es un estado mental.
Y el hombre en la nada no existirá.
Pero podrá concebir a Dios, puesto que Dios es el fin del subconsciente.
El fin de toda trascendencia, de la búsqueda de todo hombre.
¿Que si todo esto es verdad?
El hombre no se lo creerá, porque la trascendencia debe vivirla por sí mismo.
Pero para mí es la verdad absoluta, puesto que está libre de toda influencia.
Y Dios y la trascendencia son materialmente posibles.
Esto es, la verdad perfecta y absoluta, aleatoria y que vuelve a sí misma, puesto que no hay verdad sin perfección ni identidad.
Y dicha verdad es Dios, porque Dios es la identidad innegable, el hombre y su verdad absoluta.
Lo único que no ofrece dudas, puesto que nace de la nada.
Imposible.
Pero ése es mi camino, puesto que pongo a prueba la mente.
Involuntariamente también.
Incluso me contradigo en mis textos, porque todo forma parte de pasajes mentales, de superación de conflictos.
Dichos conflictos solo se dejan atrás con nievas ideas.
Una idea es una solución, de todas todas.
Una idea no consiste solo en pensar de una forma diferente o contraria, sino que también radica en la imperfección.
Para obtener la idea absoluta se necesita unificación.
La unión de las mentes.
Las mentes están diseñadas para pensar de una misma forma.
El mundo es un rompecabezas.
El hombre tiene todas las respuestas en su mente.
Todo hombre las tiene.
Ocultas entre sus conflictos mentales.
Pero el hombre no puede concebir ideas ajenas.
Porque las verdaderas ideas forman parte de la negación de los conceptos y juicios.
De la crítica y autocrítica.
El hombre necesita pensar por sí mismo.
Esto es, para compartir estas ideas, el hombre necesita comprenderlas.
Estas ideas no son autorreferenciales.
Son una herramienta para alcanzar la meta del pensamiento.
No son ideas que pretendan llevarse toda la gloria tampoco, porque son ideas producto de mi naturaleza, de lo que me trajo hasta ellas.
La frustración.
El hombre necesitaría primero sentirse frustrado con todo para poder concebirlas.
Solo así desaparece la frustración.
Y se da paso a la ecuanimidad.
Eso es, para unificar las mentes, las cuales funcionarían como una gran red universal, es preciso obrar conforme a la fuerza motriz del hombre:
La voluntad de poder/éxito/gloria.
El hombre que no lo ve de esta manera cree en el amor como forma de masificación.
Pero el amor es una barrera que suscita confusión y conflictos en la mente, que atrasa y actúa negando la fuerza de la mente.
Es por ello que el hombre solo se encuentra a sí mismo en soledad, entrando en su propia mente.
Para romper su soledad le basta con no sentirse solo.
Se sentirá acompañado si está autocomplacido, es decir, si actúa conforme a su esencia, porque la esencia del hombre le une, le vincula con todos los demás.
Y es la lógica la que representa la impotencia.
La lógica se puede cambiar a voluntad.
Basta con pensar al límite, puesto que la lógica no se cuestiona nada, sino que se instaura de divrrsas formas en cada uno de nosotros.
Lo que para unos es lógico para otros puede resultar caótico, como una contradicción.
Es por ello que el texto es reiterativo, no en torno a lo mismo, sí en cuanto a su intención.
Pero la intención forma parte de otro conflicto vital:
La inseguridad.
El hombre necesita deshacerse de la intención para alcanzar la aleatoriedad, que es el único estado capaz de trascenderlo.
Esto es, pensar y actuar conforme a todo tipo de ideas, pero siempre con el mismo resultado:
El regreso a la naturaleza humana.
Así el hombre emprende su viaje satisfactoriamente sin moverse del sitio.
Vuelve a sus orígenes.
Y más allá del origen está el orden.
La perfección.
Lo que ha roto el orden y la perfección y la armonía y la atracción entre todas las mentes no ha sido otra cosa que las consecuencias de la ciencia.
No se puede investigar algo abstracto.
La mente del hombre solo se prestará a la perfección cuando concrete su propia evolución.
Para ello la unificación de la mente es la utopía, la fantasía que todo hombre lleva en secreto, en lo más desconocido de su mente.
Pero el hombre puede alcanzar también la perfección por sí mismo, llevando sus pensamientos al límite de los de los demás.
Ello le permitirá saber, conocer su propia identidad.
No porque piense diferente, sino porque sabrá que a partir de su identidad puede imaginar lo real.
Y realizar lo imaginario, puesto que lo imaginario forma parte del subconsciente, y como tal, lo imaginario es conocido por la mente.
Si conocemos lo imaginario, todo cobra sentido.
Lo imaginario es el culmen aparente de la mente.
Pero lo imaginario no tiene límites porque los hombres no saben que en el fondo todos piensan de la misma forma.
Lo imaginario es el primer límite, el primer pensamiento del hombre.
La ciencia del hombre, y que nadie puede investigar.
Esto es, para alcanzar la mismidad de la fantasía y la realidad, el hombre y su mente precisan concretar el subconsciente.
Para ello, el razonamiento que lleva al caos necesita un patrón.
El mayor conflicto de la mente no es otro que la disociación de la realidad.
La idea como tal, por lo tanto no existe, sino la evolución del pensamiento, de la inercia del orden categórico en una sola dirección.
Para ello no se necesitan objetivos.
Solo respuestas.
Las respuestas aparecen cuando la mente del hombre alcanza el nivel cognitivo de otra mente más evolucionada, más sencilla, más profunda.
Pero todo hombre puede alcanzar dicha profundidad.
Somos iguales en cuerpo y mente.
Pero quien evoluciona no se conforma con que nadie comparta sus ideas.
Lejos de ello, se incrementa su ambición.
Ejerce todos sus esfuerzos en una sola dirección: su plenitud.
Al margen, por tanto, de la raza humana, puesto que la meta de todo hombre es la independencia mental.
La autosuficiencia mental.
Si no obtiene respuestas en los demás las busca en sí mismo.
Y llega a conclusiones propias que no aplica a nada.
Esto es, la propia esencia del hombre, inherente a él, aparece cuando el hombre comprende subconsciente.
Para ello, se nutre de la herramienta más eficiente:
La consciencia.
No es necesario vivir en armonía con el mundo, sino con la mente.
Así el hombre crea su propio universo.
Le da la forma que quiere, porque es exactamente igual plasmar una idea o realidad o respuesta que otra, y ya que el avance de su propia mente se basa en la indiferencia.
En ello consisten mis textos.
En indiferencia aplicada a un orden caótico y categórico de ideas.
El subconsciente me da lo que el mundo me quita.
Cobra incluso más fuerza y pureza que la cuestión.
Las respuestas aparecen solas.
Una cuestión puede ser también una respuesta.
Esto es, la retórica es sabiduría, en el momento en que se diferencia la influencia del caos en mis ideas y la verdadera razón, fruto únicamente de la creación.
La creación aparece cuando la introspección desaparece.
Por lo tanto, mis aspiraciones se cumplen.
Para que dichas aspiraciones desaparezcan basta con llevar el subconsciente al límite.
Unir lo imaginario y lo real.
No es que no crea en el ser humano.
No.
La realidad es que no creo en nada.
No vivo en el vacío, en ningún vacío existencial.
No.
Por la simple razón de que no existe el vacío existencial, sino la duda.
La duda aparece cuando el hombre limita sus pensamientos a conclusiones.
Sus conductas a decisiones.
No es que no quiera aprender nada de nadie, es que sé perfectamente dónde están las respuestas.
Todo hombre lleva dentro de sí a Dios.
No al concepto de Dios.
Y yo soy igual a todos los hombres.
Dios es la imaginación, la perfección, la armonía de la mente, del subconsciente.
Para llegar a él basta con demostrar porqué el hombre lo lleva dentro como ideal, en forma de ego, y otras manifestaciones.
No existen sucesos sobrenaturales, sino incapacidad por parte del hombre para comprenderlos y explicarlos.
Esto es, para extraer al Dios que llevamos en la mente, hay que recorrer todas las ideas.
No cometer el error de idear a Dios, no.
Dios es la cuestión del hombre, del subconsciente.
Para que el hombre actúe fuera de su mente, conforme a su sobrenaturalidad, porque todo hombre es sobrenatural, ya que es capaz de imaginar, y dicha capacidad reprimida en mayor o menor medida calibra el nivel de inadaptación del hombre, ya que la inadaptación empieza por la mente, es completamente imprescindible que elimine todo tipo de deseos, ambiciones y pretensiones.
Esto es, para alcanzar su divinidad, el hombre debe deshacerse de sus creencias, puesto que le stan a las controversias y contradicciones.
La mente en sí no es una contradicción, sino el último escollo para que la imaginación sea tangible.
La imaginación es un sucedáneo de Dios.
De la creación contenida del hombre.
La imaginación y la creación son posibles solo a través de un estado permanente de trascendencia.
Y el hombre puede trascenderse a sí mismo definitivamente solo a través de su propio universo.
Me explico:
Nadie es capaz de sentir el vacío.
Pero el vacío es la solución definitiva.
Cuando el hombre sienta, perciba el vacío en su mente, y todos sus sentidos se centren en ese vacío, la influencia del subconsciente desaparecerá.
Ésta es la respuesta a la nada, que nadie jamás ha podido desarrollar, porque la nada no se razona, sino que se siente.
Para ello, la meditación es la herramienta perfecta.
Adquirir no solo el grado máximo de consciencia, sino la observación contemplativa.
La cuestión divina se resuelve a través del vacío, de la congregación de los sentidos conocidos en lo desconocido.
El hombre lleva esto en su identidad.
Es por ello que existe la duda existencial.
Porque el hombre sabe profundamente que le falta algo.
Pero la nada no es algo, hasta que deja de ser nada.
Lo que nos rodea, el mundo físico, no son más que manifestaciones de la nada.
El hombre persigue ideas, no principios ni creencias.
La nada es la meta de todas las ideas.
Para que Dios, el hombre, se complete, precisa del subconsciente.
Pero el subconsciente es confusión, puesto que la confusión ajena confunde también al hombre, por muy fijas que sean sus ideas.
Basta con reconocer la identidad del hombre para que la nada aparezca en la mente, y suponga el paso previo a Dios.
Porque en la nada, en el verdadero vacío de la mente, será donde Dios conciba a Dios, que es Dios, ya que solo la nada puede crear a Dios.
Porque la nada en sí mismo, la nada sola, es un conflicto de la perfección.
Y la perfección en la nada no puede existir, puesto que la nada por sí sola no puede ni podrá nunca ser perfecta.
Toda nada necesita creación, puesto que sin mente, es decir sin límites, aparece lo máximo a lo que la nada puede aspirar.
Esto es, Dios.
Dios, sí.
A través de la palabra se puede convencer, pero nunca trascender a otras mentes.
Precisamente porque ello es antinatural.
El hombre necesita trascenderse a sí mismo.
Captar su nada.
Percibir, masticar su nada.
Esa nada le dará la única solución.
La solución que el hombre solo puede concebir en la nada.
La nada es un estado mental, por eso nadie pudo jamás teorizarla, razonarla.
La nada es un Dios reprimido.
Esto es, la nada es la pregunta y Dios la respuesta.
Esto es lo más natural que se puede conocer.
La nada no forma parte de la experiencia, sino de la abstracción.
Dios sí forma parte de la experiencia.
De la conciencia.
El hombre no obra conforme al bien o al mal.
No obra conforme a la creencia en Dios.
El arrepentimiento nace del subconsciente.
Es por ello que el hombre que no se arrepiente no forma parte ya de su propio subconsciente, se desvincula de él, porque comprende que Dios existe dentro de él, y no de su fe.
La fe no puede producir nunca arrepentimiento, ni distinción entre el bien y el mal.
Lo único que induce a esto es la sobrenaturalidad del hombre.
El hombre no aprende el bien o el mal, ni siquiera la fe.
Lo único que el hombre aprende es a ser Dios.
Me explico:
Dios no fue concebido por la mente, sino por la imaginación.
Y la imaginación no forma parte de la mente, sino de Dios.
La imaginación es el paso previo a la creación.
La imaginación no nace de la impotencia, simo de la potencia mental.
Y la potencia mental sin conflictos es capaz de crear, porque solo se alimenta de sí misma.
La nada no es la muerte.
La nada es un estado mental oculto.
El último concepto a derrocar.
Para que el hombre sea Dios no debe ser.
Porque ser implica existir, y en la nada no existe nada.
Solo la desolación de los conceptos.
Dios es la voluntad del hombre.
La inocencia conduce al amor.
La sabiduría, a Dios.
La sabiduría es amor por la unicidad del individuo.
Dios solo puede sentir amor infinito a través de la sabiduría.
Para alcanzar el amor infinito se deben resolver todos los conflictos de la mente.
Para alcanzar a Dios, el conflicto del todo y la nada.
Dios existe y no existe, porque Dios es hombre y es Dios al mismo tiempo.
Esto es, la percepción de la nada conduce a Dios, porque Dios es la anulación de los sentidos.
Dios es incorpóreo.
Dios no es la esencia de la nada, sino la construcción de las realidades, de las respuestas.
Lo que Dios crea no es lo que se le atribuye, sino que las atribuciones divinas hacen al hombre.
Solo existe algo por encima de Dios:
La evolución.
Cuando la raza humana se una, será a través de su propia trascendencia.
Para entonces no necesitará unión, ni evolución, puesto que la evolución no es cuestión de tiempo, sino de adaptación, y cada cual se adaptará a su propio universo.
A su propia naturaleza.
Dios crea, no destruye, porque en Dios no existe el error.
Dios es perfecto porque es la plenitud del hombre.
Y el hombre pleno no comete errores, sino que, lejos de ello, es aceptación de todo lo que crea.
Esto es, Dios como tal existe en la identidad del hombre, pero también es una ilusión.
Dios es una ilusión porque el hombre necesita romper con el concepto de las ilusiones para llegar a Dios.
El hombre necesita realidades, evidencias divinas para creer en Dios.
Pero Dios no se las dará porque vive dentro de él.
Esto es, lo que para la identidad del hombre son evidencias, para su mente son conflictos conceptuales.
Solo hay una posibilidad de alcanzar a Dios:
Creyendo en el primer hombre que demuestre la imperfección de la mente.
La perfección de la mente no existe, porque Dios no tiene mente ni límites.
Esto es, la infinitud y el poder de la mente son los mayores engaños que el hombre asume como reales.
El subconsciente se abandona una vez que el hombre asume su verdadero sentido: convertirse en Dios.
Para ello, no necesita ayuda.
Simplemente basta con percibir la nada entre las cosas aparentemente reales.
Y es que la realidad no existe, porque los sentidos buscan la trascendencia, no la observación.
Dios solo trasciende.
Ésa es la cuestión que todo hombre lleva dentro.
Al hombre no le condiciona el bien o el mal, sino la imperfección.
Dios, la perfección, la nada, la creación son también otro concepto, hasta que el hombre los vea como la verdadera realidad de su mente, la verdadera realidad tangible, de la cual emanan todas las demás.
Dios solo se puede alcanzar a través de la libertad de expresión.
La libertad de expresión implica divinidad, puesto que es libertad de creación.
Y Dios crea libremente.
Dios vive en la conciencia del hombre, no en la conciencia social.
Es por ello que cuantos más hombres confluyen, cuantas más mentes confluyen, msyor es el conflicto.
Es por ello que el hombre debe pensar por sí mismo.
Al margen de los conceptos, se sentirá Dios.
Porque sentirá la creación, y sabrá que su identidad es lo único realmente realizable.
Dios no ha nacido del hombre, sino del primer hombre que alcanzó el estado mental de la nada.
Su verdadera solución a todo.
La verdad no es un concepto, sino que es la manifestación divina previa a la creación, física o intelectual, ilusoria o real.
La verdad, al margen de todo, es verdad.
La mentira nunca es mentira, sino desconocimiento profundo de la confianza y la seguridad en la cuestión divina, porque la verdad implica perfección, y el hombre se resigna a no creer en la perfección.
La nada como concepto desaparece cuando se crea conforme a la propia identidad.
Así desaparecen todos los conceptos, y el hombre se siente Dios, física o incorpóreamente, puesto que para alcanzar dicha incorporeidad, el hombre precisa de creación, creación que suponga la máxima liberación posible:
Identidad de Dios, ubicuidad de su identidad divina.
La desaparición de la mente como utensilio se producirá cuando el hombre sea totalmente consciente de que la mente es un peldaño en la evolución hacia Dios.
Esto es, todo lo que forma parte de la mente obstruye la capacidad de creación.
Dios crea perfectamente.
El hombre puede ser Dios solo con la nada.
Dios y la nada, ese estado mental previo a Dios, se alcanzan a través de la aceptación plena de todo tipo de realidades.
Lo que el hombre no puede demostrar, y que supone su nada, porque la nada es lo único que no se puede demostrar, nunca será aceptado.
Esto es, el hombre a través de razonamientos existenciales no puede trascender a otras mentes, por la razón.
La razón es el espejo del hombre.
Me explico:
La razón es un obstáculo que impide la realización de la mente, porque es contraria a Dios.
La perfección es contraria al hombre que se conforma con el todo.
La divinidad es la gloria que el hombre alcanza a través de la influencia ética que le ha capacitado para resolver todos sus conflictos.
Dios aparece cuando el hombre deja la duda atrás.
Porque solo se puede crear con certezas.
Y las certezas son propias y las mismas para todos los hombres, pero diferentes a las de Dios.
Y es que Dios no es una contradicción ni una demostración.
A Dios no se llega a través de la mente, sino de la adaptación de la cuestión divina a la cuestión universal.
Esto es, aceptar la mente como Dios temporal.
Así el hombre confía en su vacío.
No a través del ego, sino del subconsciente.
Y para que ambas cuestiones se resuelvan, el hombre debe asumir su propia evolución, no negarla.
Me explico, el hombre no debe cuestionar a Dios, sino la realidad.
Dios y la cuestión universal son lo mismo, porque la cuestión universal forma parte de Dios.
Esto es, la solución definitiva es la diversidad del ser.
Convertirse en Dios y hombre al mismo tiempo.
Esto es completamente posible, puesto que la ilusión obra el milagro.
El milagro consiste en la aceptación de la mente de algo que es incapaz de concebir.
Pero el subconsciente engaña al hombre, puesto que la imaginación que en él habita le condiciona, le nubla el juicio.
Todo está inventado, excepto la manifestación divina a ojos del juicio.
El juicio es lo único capaz de limitar el poder de la mente.
La influencia de nuestra propia identidad.
Esto es, Dios existe en la ilusión, y se asocia con lo sobrenatural porque el límite del pensamiento no es otro que la opresión social y cultural.
La negativa a la evolución del hombre, puesto que la evolución implica cambio, y eso asusta siempre, porque el Dios que vive en nosotros es invariable, como nuestra identidad divina.
Dios es la solución.
No la creencia en Dios.
Dios proviene del hombre, del hombre capaz de captar su esencia sin afirmaciones ni juicio.
Cuando el hombre concluya que nada importa, más que Dios, dejará los conceptos atrás, y se unirá a él.
Esto es, la cuestión universal y la divina formarán parte del subconsciente hasta que la mente alcance el estado de gracia divina, de consciencia absoluta, de omnisciencia, puesto que la omnisciencia se asocia con la finitud de las inquietudes y la eternidad de sabiduría, pero dicha asociación es la fantasía, la manifestación de la impotencia del hombre.
Dios, cuando se complete, sabrá todo lo que necesita saber, puesto que para crear es necesario saber que la necesidad no existe.
Únicamente eso.
Dios y el hombre serán uno, porque todos los hombres son potencialmente Dioses.
Dios nació de la imaginación, ya que las afirmaciones que conducen a él son fantasiosas, hasta que el hombre alcance la independencia moral, que es la perfección.
Esto es, Dios no es un misterio, sino la mente del hombre.
Dios está dentro del hombre porque es el último misterio.
La última voluntad del hombre.
Dios es hombre y Dios al mismo tiempo porque la diversidad es trascendencia, múltiplo de Dios.
Funcionamos como una red de mentes con pretensiones divinas.
Es por ello que el hombre nunca convence al hombre de nada.
El hombre solo se convence a sí mismo a través de la trascendencia que su mente le produce.
Así que el esfuerzo del hombre es Dios, no el poder.
El poder de convicción no trasciende, ni siquiera existe, porque el hombre solo acepta verdades ajenas cuando está enajenado.
Y aunque la sociedad sea en sí un enajenamiento mental, el hombre no lo percibe, hasta que se siente inadaptado.
La sociedad nunca llegará a Dios.
Solo el hombre puede llegar a Dios.
La afirmación o negación de Dios solo es el último conflicto del hombre.
El hombre no se puede negar a sí mismo.
Es por ello que Dios vive en él.
El hombre solo acepta la realidad perfecta.
No me refiero a la felicidad, sino a la trascendencia.
El hombre está hecho para alcanzar a Dios, porque el mundo evoluciona para romper las creencias del hombre.
De ahí surge el caos.
El hombre en el mundo no forma parte de él, sino de una trascendencia moral y perfecta.
La identidad del hombre no es lo mismo que su destino.
No todo está predestinado, solamente las manifestaciones de nuestra esencia, las cuales conducen a ella.
El hombre en sociedad es un obstáculo para el hombre.
El hombre en su subconsciente navega a la deriva.
Esto es, el subconsciente revela, pero no trasciende realmente al hombre.
Solo la nada lo hace.
Dios no es la nada, sino que es y no es, por el simple motivo de que no se le conoce.
Por ello la sociedad está dividida entre ateos y creyentes.
Porque el hombre lleva dentro a la nada y a Dios.
Esto es, el hombre es completamente capaz de alcanzar a Dios por sí mismo.
A través de la superación del miedo a la muerte.
Dios solo puede existir de dos formas:
En la esencia del hombre y en la esencia de la nada.
Nadie cree en la nada, porque intentan racionalizarla.
Nadie cree realmente en Dios, porque intentan racionalizarlo.
El hombre quiere racionalizarlo todo.
El análisis, la crítica, la autocrítica, solo son muestras de falta de sentido.
Esto es, el interior de la mente funciona como un dispositivo de autodefensa.
El hombre no acepta nunca una opinión ajena.
Como mucho, la critica.
Se puede ser Dios en la realidad conocida.
Dios y hombre.
Basta con inmunizarse ante el todo.
Me explico:
A través de la libertad de expresión, la escritura, el pensamiento se vuelve visible, y puede trascender a nuestros sentidos, porque nace de la propia perfección.
La libertad es perfección.
Y el hombre conoce la perfección.
La reconoce, aunque la critique.
Esto es porque el hombre necesita alcanzar la perfección por sí mismo.
Y por lo que la manifestación de una consciencia que emglobe a todas las demás resulta inservible, excepto para la propia idea de perfección y armonía de dicha consciencia.
Al hombre solo puede trascenderle Dios.
Alcance o no, tangible o intangiblemente su identidad, el hombre habita en esas dos realidades.
Por lo tanto se puede ser Dios en cuerpo de hombre, y perfecto en la nada, porque de ahí surge la creación, la respuesta a la cuestión divina y universal, a lo conocido y a lo desconocido.
Y es que todo resulta conocido y alcanzable cuando el hombre-Dios se siente perfecto y completo.
Esto es, la diversidad del pensamiento le inmuniza y vuelve incluso ese pensamiento capaz de predecirlo y saberlo todo.
Dicho pensamiento es único y no forma parte de la mente, aunque haya nacido de ella.
Dicho pensamiento es la ciencia.
Y el hombre y Dios y la ciencia se unen armónicamente en la inexistencia de finitudes y conflictos.
Esto es, Dios no puede ser estudiado, sino alcanzado.
El hombre no puede ser estudiado nada más que por sí mismo.
Y la ciencia será útil únicamente cuando las consciencias se unan.
El conflicto previo a dicha unión radica en la resolución de la mentira a mamos de la verdad, de la propia identidad.
Y dicha verdad será perfecta, una vez superado el autoengaño como automatismo del hombre.
Esto es, una verdad perfecta y absoluta convierte al hombre en Dios, libre de intenciones y pretensiones.
Porque ahí radica la libertad de la creación.
Ahí radica la magia del mundo físico.
Ahí radica la unión de las consciencias.
El hombre confiará plenamente en el mundo físico a través de la unión y aceptación, puesto que todos los pensamientos llevan a un pensamiento único y perfecto, e indestructible:
La verdad.
Solo con ella el hombre puede distinguir la voluntad del Dios que vive dentro de él, y aceptar su propia naturaleza, su propia perfección.
A ojos de la sociedad y de su propia naturaleza.
La verdad mueve masas, y es el objeto de la consciencia.
Dios es el objeto de la verdad, y la consciencia del mundo físico, ya que el mundo físico es conocido precisamente por Dios.
Dios es el hombre, porque el hombre resuelve el misterio.
Y el misterio nace del desconocimiento.
El desconocimiento más dañino nace de la negación por parte del hombre de su propia naturaleza, inconscientemente.
Dios es consciencia máxima.
Y el hombre lo sabe porque persigue dicha consciencia.
El progreso social no existe, solo la destrucción del concepto divino.
La abolición de la voluntad del hombre.
El hombre juega a ser Dios cada vez más.
Pero ser Dios no es un juego.
Es conocimiento.
Y para conocer las tendencias sociales basta con observar sus consecuencias.
El hombre necesita resolver su mente.
Y para ello posee la mejor herramienta posible:
la duda existencial.
Dicha duda vive en el hombre porque el hombre es Dios y hombre simultáneamente, y asume dos realidades diferentes, pero posibles.
Esto es, la comprensión de cualquier materia objeto de la asimilación de ambas realidades es tan solo factible a través de la resolución de dicha cuestión existencial, universal.
Dicha cuestión solo se resuelve a través de la trascendencia.
Esto es, el hombre debe alejarse por un momento de Dios para alcanzar la aleatoriedad del pensamiento.
La trascendencia llega en el preciso momento en que el hombre elije, con consciencia total y absoluta, una de estas dos realidades.
Ello no implica que Dios desaparezca de su mente, sino todo lo contrario, lejos de ello, supone un acercamiento a la siguiente fase del subconsciente: la nada.
La nada puede perfectamente asociarse con cualquier cosa o materia.
Esto es por lo que el mundo funciona como funciona:
Con misterio.
Pero la nada no es misterio, sino integración inmaterial en la mente humana.
El paso anterior a concebir definitivamente a Dios.
La significación de todas las realidades, puesto que la nada es la unión, física o mental de todos los conflictos universales y existenciales.
El orden secuencial de las ideas guardadas en el subconsciente de todo hombre revela el camino para llegar a Dios.
Ello es motivo de unificación.
Dios es la identidad del hombre, y como tal, disposición del ánimo.
El hombre solo se siente perfecto cuando actúa o piensa conforme a dicha identidad, una vez reconocida.
Dios no es un imposible, porque Dios es la plenitud del hombre.
La superación de los conflictos supone la aceptación de la diversidad de la mente, de sus capacidades absolutas y completamente vívidas y trascendentales.
La nada se resuelve con trascendencia cognitiva.
Esto es, el hombre no necesita de su mente, sino de la trascendencia del conocimiento absoluto.
Para ello, Dios pasará a ser su objetivo ineludible, puesto que la nada formará parte de su conocimiento, y la nada conocida conduce a Dios, física o mentalmente.
Dios en la nada es totalmente fácil de concebir, puesto que la nada no influye en el intelecto.
Esto es, el hombre concibe a Dios, porque ha asumido todos sus estados mentales.
El universo ha enseñado al hombre a ser Dios.
La mente ha enseñado al hombre a ser Dios.
Dios ha enseñado al hombre a ser Dios.
Dios existe desde antes del hombre.
Pero no nació de él.
Dios ha sido la consciencia humana.
Dios existe fuera del juicio y la crítica, porque existe fuera de la mente.
Dios puede, por tanto, ser, en el momento en que el hombre resuelva su inquietud moral: el ser humano.
Dios y el ser humano se yuxtaponen en el momento en que la razón se apodera del subconsciente.
Esto es, el hombre-Dios es lo máximo a lo que se puede aspirar, y lo máximo que se puede alcanzar.
Dios es la meta del hombre, porque la perfección de Dios solo es posible a través de su unión con el hombre.
Dios no es conflicto de creencias, sino de miedos.
El hombre tiene miedo a sus pensamientos, a conocerse realmente, porque ello implica vacío existencial.
Otra manifestación de la nada.
La nada quedará atrás como concepto cuando el hombre se asocie con la trascendencia, cuando el hombre busque tan solo la trascendencia.
Porque la nada trascenderá al hombre para que éste llegue a ser Dios.
Dicha trascendencia será intangible, porque la nada es un estado mental.
Y el hombre en la nada no existirá.
Pero podrá concebir a Dios, puesto que Dios es el fin del subconsciente.
El fin de toda trascendencia, de la búsqueda de todo hombre.
¿Que si todo esto es verdad?
El hombre no se lo creerá, porque la trascendencia debe vivirla por sí mismo.
Pero para mí es la verdad absoluta, puesto que está libre de toda influencia.
Y Dios y la trascendencia son materialmente posibles.
Esto es, la verdad perfecta y absoluta, aleatoria y que vuelve a sí misma, puesto que no hay verdad sin perfección ni identidad.
Y dicha verdad es Dios, porque Dios es la identidad innegable, el hombre y su verdad absoluta.
Lo único que no ofrece dudas, puesto que nace de la nada.