El poeta grandilocuente pero soberbio penetra en la gruta malhadada de los elfos deformes,los cuales esperan a su llegada para abalanzarse sobre él y robarle la esencia más profunda que dimana de su espíritu libre:el canto intempestivo de un demonio ajetreado en el sueño vaporoso de una recitación eterna y ancestral.Lo agarran del cuello y lo tiran al polvoriento suelo tenebroso para a continuación succionar con sus bocas famélicas y babosas el tesoro que tiene en más eternal estima.Cuando acaban sueltan un estridente chillido de complacencia y se difuminan en la noche iluminada por el haz de luz del portador del fósforo-Lucifer.Nuestro bardo,inconsciente y completamente desnudo no despierta hasta que el manantial majestuoso de la muerte lo cubre desde una grieta de cuerpo entero.Siente el frío glacial e intenta gritar.Pero no puede.Los seres malignos que robaron su estrellada voz en gloriosa confusión trascendental han desaparecido.Entonces gime de dolor durante un instante;pero luego,levantándose con brío blasfema el malhadado destino y jura poderosa venganza transitiva para la siguiente noche en que,envueltos en llameantes tinieblas se le vuelvan a aparecer.