Que no nos importe el día,
porque al cabo es el instante
lo que hace el todavía
un fluir tibio y vibrante.
Cada aurora es una herida
que el tiempo cura al pasar,
y en su danza prometida
siempre vuelve a comenzar.
No existe senda sin freno,
ni horizonte sin final;
pero el paso leve y pleno
hace el viaje celestial.
Somos polvo que camina,
luz que en sombra se entreabre,
gota frágil que adivina
que vivir es lo que abre.
Y aunque el mundo se deshaga
en sus giros imprecisos,
el instante nunca apaga
los latidos indecisos.
porque al cabo es el instante
lo que hace el todavía
un fluir tibio y vibrante.
Cada aurora es una herida
que el tiempo cura al pasar,
y en su danza prometida
siempre vuelve a comenzar.
No existe senda sin freno,
ni horizonte sin final;
pero el paso leve y pleno
hace el viaje celestial.
Somos polvo que camina,
luz que en sombra se entreabre,
gota frágil que adivina
que vivir es lo que abre.
Y aunque el mundo se deshaga
en sus giros imprecisos,
el instante nunca apaga
los latidos indecisos.