Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El jardín de los espejos
Marché hacia un jardín
de las flores y el amor,
y al llegar a su confín
solo había una flor.
A la hora que despunta
el sol con sus espejos
me mostró las flores juntas
y al amor que es un reflejo
del aroma que me alumbra.
¿Qué ha pasado...?
Pues, que tú no sabes dónde vas
ni yo tampoco a dónde ir
y al final nos encontramos
discutiendo el porvenir.
La vida debe ser eterna
porque hay quien,
queriendo vivir toda la vida,
se da cuenta
que así es:
la vida hay que vivirla toda
para entenderla,
aunque la ves.
Y bordé una alfombra
que pisaron reyes;
ahora de su sombra
no quedan ni leyes.
Y tuve un caballo
que marchaba al trote
y al pasar los años
trota mi garrote.
Y quien tuvo duda,
en el ¡ay! no miento,
todo está en el aire,
se lo dijo el viento.
Tantas cosas tuve
y ninguna guardo,
porque las obtuve
trabajando pardo.
Aunque la mañana
muestra su hermosura,
todo es una trampa
que guarda la oscura
nalga de las almas,
con sus muchas luces;
y sus cerraduras
son todas las cruces
que en la noche estaban.
Y al volver a ese jardín
que el olvido marchitó,
entre espejos yo no vi
calaveras, sino flor.
Marché hacia un jardín
de las flores y el amor,
y al llegar a su confín
solo había una flor.
A la hora que despunta
el sol con sus espejos
me mostró las flores juntas
y al amor que es un reflejo
del aroma que me alumbra.
¿Qué ha pasado...?
Pues, que tú no sabes dónde vas
ni yo tampoco a dónde ir
y al final nos encontramos
discutiendo el porvenir.
La vida debe ser eterna
porque hay quien,
queriendo vivir toda la vida,
se da cuenta
que así es:
la vida hay que vivirla toda
para entenderla,
aunque la ves.
Y bordé una alfombra
que pisaron reyes;
ahora de su sombra
no quedan ni leyes.
Y tuve un caballo
que marchaba al trote
y al pasar los años
trota mi garrote.
Y quien tuvo duda,
en el ¡ay! no miento,
todo está en el aire,
se lo dijo el viento.
Tantas cosas tuve
y ninguna guardo,
porque las obtuve
trabajando pardo.
Aunque la mañana
muestra su hermosura,
todo es una trampa
que guarda la oscura
nalga de las almas,
con sus muchas luces;
y sus cerraduras
son todas las cruces
que en la noche estaban.
Y al volver a ese jardín
que el olvido marchitó,
entre espejos yo no vi
calaveras, sino flor.
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