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el káiser ordena

hank

Poeta recién llegado
Era de noche y pasaba un cometa
Todos decían que sería fácil verlo
Desde lo alto de la montaña
Con los ojos clavados en el cielo.
Subimos junto a un noble káiser
Que conocía bien el camino cierto
Olía todo a cada paso en cada árbol
Dejaba también su huella indeleble
Como un tibio rocío de la mañana.
Sus ojos eran nuestros ojos
Y sus blancas y musculosas patas
Eran nuestro guía en la penumbra.
Pasamos por cascadas de acero
Centelleantes entre las hojas negras
Él paró a beber y refrescarse
Y nosotros tiritábamos y reíamos.
Dio la orden de continuar hacia la cumbre
Con más fuerza aún con un afán desproporcionado
Con la boca jadeando y salivando entre los dientes.
A mitad de camino desfallecía el más débil
Sometido por los avatares del sendero
Rendido e indefenso entre la cruel naturaleza
Oyendo el crepitar de las lunas muertas.
Pero el káiser, incólume intacto indiferente
Desafiando las inclemencias de los dioses
Imperturbable en su loca empresa
Arriba cada vez más cerca y más arriba.
La fatiga hizo presa de nosotros
E imploramos un pequeño descanso
El noble amigo se sentó y se quedó mirando a lontananza.
Era un descampado muy acogedor
Con mullidas hierbas de unos treinta
Centímetros de largo como un colchón verde inmenso.
Nos sentamos en círculo y fumamos
Unas hierbas encantadas y delirantes
Manchas lácteas de fugaces humos
Entre la negrura de la bóveda cósmica
Locas carcajadas en la noche fantasías
Que se volvían realidad entre fogones
Inmemoriales y llenos de tierra.
Caras iluminadas por los astros
Y por los ojos rojos de los perros
Que se encienden entre nuestros ojos.
El viento del monte azotando los cuerpos
Golpeando con rudeza los rostros secos
Los labios resquebrajados por la sed
Las manos agrestes de los campos
Y el káiser aullando a la luna
Enamorándola como a una perra.
Los deliciosos manjares del sueño
Llegaron para quedarse entre nosotros
Las níveas centellas de los pantanos
Y la amarilla palidez de los páramos
Sucumbieron ante la brutal potencia
Ante la indiscriminada tenacidad
De los deseos irrenunciables.
Morfeo acogía entre sus dulces brazos
A todos menos al noble animal.
Mientras el uno soñaba con mujeres desnudas
Corriendo sobre verdes prados
Bañadas por la energía vital del sol
Pieles sudando y estremeciéndose
Entre profundas y sabias voluptuosidades.
Otro soñaba con cometas azules
Navegando entre pacíficas galaxias
Deslumbrando tras su paso agigantado
Las estelas de los demás sueños
Insinuándose entre planetas etéreos
Y rozándose en cada átomo entre
Las partículas de los polvos universales (y los orgasmos cósmicos).
Y otro más corría desesperado asediado
Por una jauría de perros hambrientos
Entre una plantación de marihuana
Los perros le dieron alcance y uno le mordía de los huevos
Otro le asestaba un colmillo en el ojo del culo
Uno más le arrancaba la nariz de un mordisco
Y cuando el más grande estaba a punto
De atraparlo por la garganta como a una presa
Los ojos del káiser brillaron y un ladrido
Nos despertó a todos de un salto al cielo.
A nuestro humilde aposento habían llegado
Hordas de cuadrúpedos cornudos manchados
De la tenue sombra de los eucaliptos
Con ganas de devorar nuevas exquisiteces
Sobre las cuales habíamos depositado nuestros traseros.
El gran compañero plateado por la luz de la luna
Arremetía inclaudicable con solvencia
Justo en cada ataque en cada instante de riesgo
Desafiando los sables de los enemigos
Las horripilantes fauces de los asesinos
Los tenebrosos embistes de sus dagas de metal.
La madrugada se tornó una pesadilla insalvable
Una marejada de gritos destemplados
Y rechinar de dientes y rodillas temblorosas
Y sudores y fiebres y males y dolores perfectos
Y repulsivas imágenes de cuerpos descuartizados
Vómitos de sangre y vísceras colgantes
Como si de una guerra encarnizada se tratara.
Huimos de la carnicería selvática
Hacia paisajes menos violentos
Por las orillas de una playa de cristal
Con los sonidos de los tambores y las trompetas
De los belicistas todavía retumbando en los oídos.
El consumo de nuevas sustancias que nutran
Nuestros cuerpos y nuestras mentes
No tardó en ser una orgía de sabores
De olores de colores de aromas milenarios
De plátanos inmemoriales de papas históricas
De polvos elaborados con soles y vientos perennes.
El alba nos sorprendió entre gulas y vanidades
Entre envidias odios y deseos carnales
Erecciones planetarias y pajonales a cincomilmetrosdealtura.
La cumbre ya estaba a nuestra vista
Y el parcero fiel irrumpía la soledad de la naturaleza
Con ladridos incontenibles que se derramaban
Entre el silencio puro de la mañana
Temblaban los arenales las cruces de palo
Se estremecían con el eco del vacío
Las ráfagas de pétalos de piedra
El horizonte imponente ante las pupilas
La lengua por fuera y la cola meciéndose
Con los truenos de las tempestades.
Uno a uno fuimos llegando a la punta
De filosa y concreta majestuosidad
Un frío azul traspasaba las cabezas
Y los corazones saltaban en roja armonía
Pero los cerebros mantenían la calma
El indescriptible placer tiene límites
Sin todavía deleitarnos con el premio
Y sin probar aún las mieles de la victoria
La orden del káiser fue implacable severa
El camino de regreso era la prioridad uno.
 

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