Tu pálido rostro,arrugado por el viento,deja caer gotas de carmín hacia el verde prado donde pastan los unicornios de áureo semblante.Es un día de azulada cornamenta en el firmamento de un solo ojo;el cual ilumina con un chorro de agua fría las casas donde tú,furtivo en la ya difunta noche,solías robar el alimento pletórico de calorías a las viudas y los huérfanos vestidos de severo luto negro.Ahora tienes que pagar con el sudor sacrílego de tu frente,semejante ignominia frente al Creador de todo lo dado.¡Oh!ladrón de dádivas celestes,es hora presta para que martillees con el latido de tu difunto corazón las cadenas que te tienen maniatado de tronco para abajo.Para que así,una vez vuelto a la libertad,penetres en el granero de las glorificaciones y así comas de las semillas somníferas,que han de cautivar tu avispada alma para cuñarla definitivamente con el sello de la defunción.