Una mirada que se cruzó entre nosotros,
un impulso que nos llevó a acercarnos,
una palabra que rompió el silencio,
un lazo que atrapó nuestra alma convirtiéndola en una.
Un lazo frágil que podría romperse
y un alma que moriría si desaparecía uno de los dos.
Dos; un número que te invita a compartir
y que evita la soledad,
que te enseña a mostrar tus sentimientos,
a dar todo por nada porque nada esperas
salvo un intercambio de afectos.
Porque el afecto que le entregas
no es un afecto cualquiera,
porque la persona a la que se lo entregas es la elegida,
elegida por el corazón
que estalla en un fogonazo cada vez que anda cerca.
No es promesa,
ni siquiera compromiso,
pero pactemos una unión sin
fecha de caducidad,
vivir cada día como si fuera
nuestro primer día.
Queda prohibido el aburrimiento.
Queda vetada la monotonía.
Que no entre el estrés.
Que no se cuelen los celos.
Que no se enfríe la pasión.
Que no se escape la sorpresa.
Que no descanse el sonido de tu voz.
Que no se pierda nuestra libertad.
No soy tuya, no eres mío,
pero estás en mí y yo estoy en ti.
Quiero formar parte de tu vida,
navegar por tus sueños,
soñar ilusionada que tu llamada llega
esperar ansiosa tu llegada.