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Poeta recién llegado
Hierve en el ferviente volcan el magma rojo
que escupen mis muñecas
mientras las servilletas
se empañan saladas de dolor.
Y por no pronunciar ningún clamor
hacia los cuchillos que me rasgan la tez seca
se desangra el alma de amor,
y el sentir mundano y agrio se adereza
en mis tristes ojos de carbon.
Hierve en el ferviente volcan el magma rojo
que mis sentimientos quema
mientras mis pesares tiemblan
en la incertidumbre de la decepción.
Y por no pronunciar ningún clamor
sobre las decepciones que me traen las siluetas
disfrazadas de compasión,
las ultimas lagrimas derramadas se incineran
ante las chispas de un cañón.
Hierve en el ferviente volcan el magma rojo
de la sangre que me apreta
y atasca mis delgadas venas
por las manos que me estrangulan sin razón.
Y por no pronunciar ningún clamor
a las manos que me arrebatan la existencia
se ahoga en mi ser la redención,
que porque ya mi cuerpo aire bombea
se ha apagado mi corazón.
que escupen mis muñecas
mientras las servilletas
se empañan saladas de dolor.
Y por no pronunciar ningún clamor
hacia los cuchillos que me rasgan la tez seca
se desangra el alma de amor,
y el sentir mundano y agrio se adereza
en mis tristes ojos de carbon.
Hierve en el ferviente volcan el magma rojo
que mis sentimientos quema
mientras mis pesares tiemblan
en la incertidumbre de la decepción.
Y por no pronunciar ningún clamor
sobre las decepciones que me traen las siluetas
disfrazadas de compasión,
las ultimas lagrimas derramadas se incineran
ante las chispas de un cañón.
Hierve en el ferviente volcan el magma rojo
de la sangre que me apreta
y atasca mis delgadas venas
por las manos que me estrangulan sin razón.
Y por no pronunciar ningún clamor
a las manos que me arrebatan la existencia
se ahoga en mi ser la redención,
que porque ya mi cuerpo aire bombea
se ha apagado mi corazón.
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