Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El mal verdugo
Suena la forja que encendida ruge
rompiendo el martilleo de los fierros;
un compás de sudor que se refulge
al trabajo orador de los entierros.
Traspasan con los clavos y el alambre
a un hombre perseguido, ya maldito,
que tiene entre las manos solo el hambre
y besa con sus labios el delito.
La sombra del verdugo se hace enorme
cual noche sin estrella referente.
Agachan su cabeza ya conforme
y silba como un viento hacia su frente
que muestra todo el filo cruciforme
del hacha que lo busca con su diente.
Nada había en su mente,
tampoco se escuchó ningún requiebro
del hombre que mostró un vulgar cerebro.
Suena la forja que encendida ruge
rompiendo el martilleo de los fierros;
un compás de sudor que se refulge
al trabajo orador de los entierros.
Traspasan con los clavos y el alambre
a un hombre perseguido, ya maldito,
que tiene entre las manos solo el hambre
y besa con sus labios el delito.
La sombra del verdugo se hace enorme
cual noche sin estrella referente.
Agachan su cabeza ya conforme
y silba como un viento hacia su frente
que muestra todo el filo cruciforme
del hacha que lo busca con su diente.
Nada había en su mente,
tampoco se escuchó ningún requiebro
del hombre que mostró un vulgar cerebro.
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