Füre
Poeta recién llegado
El Margen
El relámpago rompía el cielo
con el sol ya dormitando,
el trueno se reía del silencio
y el éter lloraba gruesas gotas
que empapaban hasta a mi sombra.
Las calles estaban calmas cual cementerio,
estáticas, acogiendo el murmullo de la lluvia.
Aquél cuadro unido al vicio recorriendo mi sangre
hicieron germinar flores en mi cerebro,
y embriagado de su aroma
atravesé, cual atleta, el pueblo, el diluvio,
el relámpago, el trueno.
Llegado a un parque que respiraba verde y fresco,
me dejé caer, deslizándome sobre el magnífico colchón.
Le ofrecí al vacío unos gritos
que brotaban de mi júbilo y satisfacción,
dejé que las lágrimas del firmamento
siguieran guardándose en mi rostro deleitado;
y finalmente el relámpago y el trueno se apagaron.
Cejó la conciencia; no fui nadie;
durante ese instante
rocé la Libertad.