En el jardín me acompaña
un lindo cantor.
El calor de la tarde,
poco apoco se va
amasado con los árboles
y la pequeña fuente.
Como si estuviéramos años atrás,
la dulzura pasa
acariciándome como un bello mancebo.
La peña se tiñe de rojo
chorreando nubes
que se mezclan
con los pinos de la ladera.
El mirlo y yo
esperamos la noche
sobre el césped,
y se cuela en mi cuerpo “ un no sentir”
que no me quiere soltar.
Comienza la lluvia,
las hojas tintinean
como una canción
un lindo cantor.
El calor de la tarde,
poco apoco se va
amasado con los árboles
y la pequeña fuente.
Como si estuviéramos años atrás,
la dulzura pasa
acariciándome como un bello mancebo.
La peña se tiñe de rojo
chorreando nubes
que se mezclan
con los pinos de la ladera.
El mirlo y yo
esperamos la noche
sobre el césped,
y se cuela en mi cuerpo “ un no sentir”
que no me quiere soltar.
Comienza la lluvia,
las hojas tintinean
como una canción