carlos_cisneros
Poeta asiduo al portal
El muelle en refacción, tenía unas cuantas tablas que impedía el paso; pero,
eran fácilmente burlables.
Bajos mis pies, las maderas sobrepuestas, permitían
ver el mar, con las olas corriendo rumbo a la orilla.
Caminé,
considerando los pilares que amarraban la estructura
Esa sensación de intrepidez, algo absurda en realidad,
llenó mi alma, embriagándome
Extraña sensación; pero, al final
me permitió estar en medio del lugar donde
se forman las olas.
Esas gaviotas mañaneras,
esa brisa,
ese olor a vida bajo mis pies,
todo ello quedó grabado en mis recuerdos.
Desde ese lugar,
olvidando todo a mí alrededor,
cerré mis ojos dejando
mi mente en silencio.
Escuché mi corazón, lento en su latir.
Humedecí mis labios
Sentí un beso, pero
estaba seguro de estar solo.
No quise abrir mis ojos, en ese momento.
Instintivamente elevé mis manos y rosé
un cuerpo tibio, cuya cintura asida,
abracé tiernamente.
¡Qué decir!...
Se aferró a mi pecho, y la abracé Sus cabellos al viento, rozaban mis mejillas Ese perfume a rosas era suave y tranquilizante Su cabeza apoyada en mi pecho me serenó
No, no era un sueño..., o lo fue?...
¡Qué decir!...
Abrí mis ojos;
quise decirle algo, pero
cerró mis labios con un beso
Tomó mi mano, y
lentamente me hizo retornar.
De vez, en vez, volteaba a mirarme.
Una tierna sonrisa
¡Qué hermosos ojos!
¡Qué hermosa mujer!
Su caminar lento, sus pies menudos y descalzos
¡Qué hermosas pantorrillas1
Su vestido parecía sostenerse sobre sus hombros.
Un cinto en su cintura, colgaba como un adorno.
No dije nada;
pero si se hubiese detenido por un instante, sé
que hubiese escuchado mi corazón latir,
con esa alegría de saberla cerca.
.
eran fácilmente burlables.
Bajos mis pies, las maderas sobrepuestas, permitían
ver el mar, con las olas corriendo rumbo a la orilla.
Caminé,
considerando los pilares que amarraban la estructura
Esa sensación de intrepidez, algo absurda en realidad,
llenó mi alma, embriagándome
Extraña sensación; pero, al final
me permitió estar en medio del lugar donde
se forman las olas.
Esas gaviotas mañaneras,
esa brisa,
ese olor a vida bajo mis pies,
todo ello quedó grabado en mis recuerdos.
Desde ese lugar,
olvidando todo a mí alrededor,
cerré mis ojos dejando
mi mente en silencio.
Escuché mi corazón, lento en su latir.
Humedecí mis labios
Sentí un beso, pero
estaba seguro de estar solo.
No quise abrir mis ojos, en ese momento.
Instintivamente elevé mis manos y rosé
un cuerpo tibio, cuya cintura asida,
abracé tiernamente.
¡Qué decir!...
Se aferró a mi pecho, y la abracé Sus cabellos al viento, rozaban mis mejillas Ese perfume a rosas era suave y tranquilizante Su cabeza apoyada en mi pecho me serenó
No, no era un sueño..., o lo fue?...
¡Qué decir!...
Abrí mis ojos;
quise decirle algo, pero
cerró mis labios con un beso
Tomó mi mano, y
lentamente me hizo retornar.
De vez, en vez, volteaba a mirarme.
Una tierna sonrisa
¡Qué hermosos ojos!
¡Qué hermosa mujer!
Su caminar lento, sus pies menudos y descalzos
¡Qué hermosas pantorrillas1
Su vestido parecía sostenerse sobre sus hombros.
Un cinto en su cintura, colgaba como un adorno.
No dije nada;
pero si se hubiese detenido por un instante, sé
que hubiese escuchado mi corazón latir,
con esa alegría de saberla cerca.
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