Paulamira
Poeta recién llegado
Era una noche hermosa, el cielo salpicado de estrellas y la luna perfectamente redonda iluminaba la ruta por la que transitaba con mi auto rumbo a una vida nueva. Esta mañana tomé la decisión de cambiarle el rumbo a mi vida a pesar de que todos quieren convencerme de que estamos marcados por el destino y es imposible zafarse de él. Me propuse crear mi propia misión y nadie me va a impedir que siga adelante, creo que todo lo que nos pasa es consecuencia de lo que hacemos irremediablemente. Muchos años de mala suerte, según las viejas malas lenguas, asecharon a mi familia no dejándola vivir en paz ni mucho menos disfrutar de ningún propósito que se le antojara. Perseguidos por innumerables fatalidades continuamos nuestras vidas a merced del miedo y la frustración. Pero no a mí, de ninguna manera lo voy a permitir. Es cierto que mi vida no ha comenzado del todo bien y también es cierto que sigue sin mejorar, pero sé que esto se tiene que acabar; basta con descubrir que estoy haciendo mal, corregirlo y darle rienda suelta a mis sueños. Es por esto que libré mi suerte al largo camino por el que transito con toda la esperanza de conseguir un boleto seguro a una realidad mucho mejor. Come decía, iba viajando en una noche casi perfecta ya hacía unas largas pero relajadas horas. Paré en el camino a ingerir un poco de energía, cargar gasolina y comprar algunas provisiones para el camino, entre ellas un cd con la música más festiva que encontré. Ya un poco más renovada me devolví al acojo de mi vehículo y me entregué al desenfado de mi música.me sentía completamente positiva, entera y llena de una felicidad inexplicable que, sentía, me acercaba plenamente hacia mi objetivo. De pronto, un golpe retumbó en mi parabrisas y en mi cerebro paralizando todos mis sentidos. Fue como un estruendo devorando el apacible silencio y convirtiéndolo en puro terror. La oscuridad envolvió mi existencia como la misma muerte. Tanto miedo sentí que no me percaté del golpe que sufrió mi cabeza, no sentí dolor y tuve la rara sensación de desear que sólo el rebote de mi cabeza contra el vidrio fuera el motivo de semejante sacudida; pero automáticamente sospeché que eso no era lo cierto. No me animaba a bajar del auto y acercarme a la única explicación posible, pero finalmente tuve que hacerlo. Frente a mi hallazgo el horror corrió por mis venas y se instaló en mi corazón helándome la sangre de inmediato. Corrí impulsada por la confusión, no sabía que hacer. Llegué a un bar y me senté para calmar mi tembloroso cuerpo, ordenar mi cabeza y disponerme a remediar tamaño accidente. No podía dejar de llorar y maldecir a ese maldito destino al que me negaba a dar identidad. Sé que no tuve una buena reacción, debí quedarme y socorrerte, perdón, perdón… mis labios no podían dejar de repetirlo una y otra vez. Estaba perpleja, mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo; pero si era ella, era esa joven que acababa de atropellar. No podía ser cierto, no pudo sobrevivir ni mucho menos caminar hacia aquí con tanta entereza. Por Dios!, qué está pasando? Ella está frente a mí consolándome; me ve extrañada, como desconociendo el porqué de mi pavor…de pronto sale del bar tranquilamente como si nunca hubiese sufrido un mínimo golpe. Cuando despierto dentro de mi auto logro recordar que al voltear por última vez la cara de esa niña hacia mí mirada espantada, lo único que pude descubrir es que lucía perfecta cada una de mis malditas facciones….
Última edición: