La flor de un necio se marchita poco a poco,en la solapa sucia de su raída casaca.Es un hombre desgraciado porque no ha alimentado con húmedas lágrimas tal portento frutal que enerva su tenue y dulce tallo en el albor de los siglos inmaculados.En vez de eso,se abandona a la funesta jarana del vino agrio y,borracho él,deja que desangre su multiplicidad de colores divinos;que van a caer al marmóreo suelo de la casa encantada,donde finalmente duerme la contumaz modorra de la funesta noche anterior.La flor del necio ya no es capaz de cantar.Ha perdido la fragancia que la transmutaba en una diosa vegetal que ardía en llamarada tenebrosa.Todas las noches donde los racimos de Baco se extendían por el techo insomne de las divinas gracias.Ahora el necio,poseído de una ira furibunda,arranca el objeto de los sagrados amores de su solapa y,tirándola al suelo,la pisotea vilmente el desgraciado,para colmo de su alienación pasajera.