Acampado sobre una fría loma,el huérfano niño de lluvia áurea cayendo sobre su tez marchita,se afana imprudentemente por extender su seco latido de voz calamitosa por la anchurosa vereda donde fue enterrada su santa y bien amada madre de semblante romano.¡Oh!pobre infante,ahora solo,tienes que aprender a encender el fuego prometeico para que tus miembros aún flexibles por la tierna edad no se atericen en herrumbrosa osamenta.Pero es noche casi cerrada,y el véspero sólo te ilumina a ti,pequeño dios de pecho cálido,cuya respiración jadeante deja ver a los robles celtas,tu espíritu fornido y curtido en las mil batallas de una lluvia calamitosa que se lleva en riada furiosa las flores amarillentas de tu fiel y sonora esperanza.Espera al alba en gloriosa mansión de blancor cegador,a que el haz de luz sacuda de tus hermosos ojos glaucos los regalos principescos cuyas honorables primicias centellean al candor musical de los grillos sagrados que ya anuncian la maliciosa estación del fugitivo estío.