Viejo y perezoso
es el nogal que siempre veo
delante del jardín.
Es grande y acogedor
cuando esta vestido de su verde ropaje,
y su sombra se enrosca
como manta a sus pies.
Cuando los grajillos lo inundan,
es todo ruido sus tardes,
todo suspiro mi terraza.
El otoño entra despacio,
agazapado en su copa
y poco a poco lo desnudan
la lluvia y el viento.
Muchas ramas oscuras
adornan el tronco y el cielo;
a veces la niebla lo difumina
dejándolo mas húmedo y mas lejos.
Pocas veces la luna
se posa entre sus finos cuernos.
La lluvia llora con él
la noche lo hace invisible
cuando el invierno es negro.
Medio dormido espera
que otra primavera lo acaricie,
pero aun ruge el frió viento
y las hojas solo son un sueño.
es el nogal que siempre veo
delante del jardín.
Es grande y acogedor
cuando esta vestido de su verde ropaje,
y su sombra se enrosca
como manta a sus pies.
Cuando los grajillos lo inundan,
es todo ruido sus tardes,
todo suspiro mi terraza.
El otoño entra despacio,
agazapado en su copa
y poco a poco lo desnudan
la lluvia y el viento.
Muchas ramas oscuras
adornan el tronco y el cielo;
a veces la niebla lo difumina
dejándolo mas húmedo y mas lejos.
Pocas veces la luna
se posa entre sus finos cuernos.
La lluvia llora con él
la noche lo hace invisible
cuando el invierno es negro.
Medio dormido espera
que otra primavera lo acaricie,
pero aun ruge el frió viento
y las hojas solo son un sueño.