NIÑA DE TIERRA
Poeta fiel al portal
El suelo se extendía,
agrietado y pedregoso,
hasta donde la vista alcanzaba y más allá.
Negros y retorcidos árboles
se doblaban sobre sus muertas raíces
a extensos intervalos por todo el campo visual
(en ése momento yo sólo veía cinco de ellos,
tan separados unos de otros
como si estuvieran en incesantes discordias,
o como si algo los hubiera hecho odiarse entre sí).
No veía ninguna otra forma de vida,
ni animales,
ni plantas,
ni siquiera alguna especie de novedosa criatura
autóctona del territorio.
¿Abría existido vida en ése lugar en algún momento?
¿O se trataba de una morada exclusiva
para el pensar y el sentir de determinadas fuerzas,
fuerzas que deciden no ser percibidas
por los vulgares sentidos del ser humano?
El viento,
al pasar cerca de mí,
me mostraba sigmoideos y espiralados diseños
que el muy creativo hacía divertido
en los lugares en que el vapor eterno
se encontraba más espeso que en el resto del aire.
Se veían como figuras más oscuras que el resto del contorno
y parecían emitir un suave sonido musical,
pero sólo si la ráfaga se acercaba mucho a tus oídos.
Y si permanecías mucho tiempo mirando al mismo árbol,
éste parecía mover lentamente y con gran esfuerzo
las más livianas de sus ramas,
hasta que algunas llegaban a quebrarse
y caían como viejas leñas
devoradas por un hambriento fuego.
Como si el árbol en el cual te has concentrado
se hubiera dado cuenta de que estabas observándolo,
desesperado y adolorido intenta saludarte,
o quizá advertirte,
o enseñarte quien sabe qué maquiavélica cuestión
que de un árbol muerto quisiera escapar
sólo si permaneces mirándolo mucho rato,
ya que al parecer
le toma bastante tiempo
darse cuenta de que alguien lo observa,
y le duele mucho mover,
aunque sea apenas,
la más frágil de sus ramas.
Como si para ellos fuera importante decir algo
Y luego me di cuenta,
todo el lugar parecía cambiar
cuando elegías un punto fijo y te concentrabas en observarlo,
como si reinara en el aire una fuerza tal
que desesperara por hablar,
o por gritar,
o por llorar.
Todo ése lugar era un mensaje, pero,
¿podría alguien comprenderlo?,
¿qué letras son las que lo escriben?
agrietado y pedregoso,
hasta donde la vista alcanzaba y más allá.
Negros y retorcidos árboles
se doblaban sobre sus muertas raíces
a extensos intervalos por todo el campo visual
(en ése momento yo sólo veía cinco de ellos,
tan separados unos de otros
como si estuvieran en incesantes discordias,
o como si algo los hubiera hecho odiarse entre sí).
No veía ninguna otra forma de vida,
ni animales,
ni plantas,
ni siquiera alguna especie de novedosa criatura
autóctona del territorio.
¿Abría existido vida en ése lugar en algún momento?
¿O se trataba de una morada exclusiva
para el pensar y el sentir de determinadas fuerzas,
fuerzas que deciden no ser percibidas
por los vulgares sentidos del ser humano?
El viento,
al pasar cerca de mí,
me mostraba sigmoideos y espiralados diseños
que el muy creativo hacía divertido
en los lugares en que el vapor eterno
se encontraba más espeso que en el resto del aire.
Se veían como figuras más oscuras que el resto del contorno
y parecían emitir un suave sonido musical,
pero sólo si la ráfaga se acercaba mucho a tus oídos.
Y si permanecías mucho tiempo mirando al mismo árbol,
éste parecía mover lentamente y con gran esfuerzo
las más livianas de sus ramas,
hasta que algunas llegaban a quebrarse
y caían como viejas leñas
devoradas por un hambriento fuego.
Como si el árbol en el cual te has concentrado
se hubiera dado cuenta de que estabas observándolo,
desesperado y adolorido intenta saludarte,
o quizá advertirte,
o enseñarte quien sabe qué maquiavélica cuestión
que de un árbol muerto quisiera escapar
sólo si permaneces mirándolo mucho rato,
ya que al parecer
le toma bastante tiempo
darse cuenta de que alguien lo observa,
y le duele mucho mover,
aunque sea apenas,
la más frágil de sus ramas.
Como si para ellos fuera importante decir algo
Y luego me di cuenta,
todo el lugar parecía cambiar
cuando elegías un punto fijo y te concentrabas en observarlo,
como si reinara en el aire una fuerza tal
que desesperara por hablar,
o por gritar,
o por llorar.
Todo ése lugar era un mensaje, pero,
¿podría alguien comprenderlo?,
¿qué letras son las que lo escriben?