A la sombra de un centenario olivo cobijé mi sombra altanera
orgulloso me dejaba sabía que no lo engañaba era su compañera
ni una oliva le robé, no hubiera podido aún siendo madura para comer.
me miraba inseguro mientras yo le prometía lealdat.
Los demás olivos envidiaban que cuidará de mi el sol que me quemaba
Leche pura eran mis carnes que ni una gota derramará
tenía sed y mis lágrimas derramaba para que se abasteciera.
Sólo mi olivo, yo, y su sombra que me cuidaba de que no me abrasara
morí al pie de aquel centenario sin comer de su fruto maduro
le di mi llanto para que creciera mientras mis huesos en el yacieran
y cuando vio mi infortunio final el abrió sus raíces para que cayera.
En el fondo de su arraigada fosa su cuna de cien años, o quien supiera
se enterraba la real amistad que jamás conociera
no la aprovecho y como nadie lo regaba, sus hojas ya marchitas añoraban aquella niña
que nunca le defraudó ni en su agonía
murió junto a ella, que no salió ni una queja de sus carne prietas
que se iban consumiendo mirando hambrienta sin quitarle ni una oliva
esa fue su promesa, que cumplió hasta el último día.
_wake_
orgulloso me dejaba sabía que no lo engañaba era su compañera
ni una oliva le robé, no hubiera podido aún siendo madura para comer.
me miraba inseguro mientras yo le prometía lealdat.
Los demás olivos envidiaban que cuidará de mi el sol que me quemaba
Leche pura eran mis carnes que ni una gota derramará
tenía sed y mis lágrimas derramaba para que se abasteciera.
Sólo mi olivo, yo, y su sombra que me cuidaba de que no me abrasara
morí al pie de aquel centenario sin comer de su fruto maduro
le di mi llanto para que creciera mientras mis huesos en el yacieran
y cuando vio mi infortunio final el abrió sus raíces para que cayera.
En el fondo de su arraigada fosa su cuna de cien años, o quien supiera
se enterraba la real amistad que jamás conociera
no la aprovecho y como nadie lo regaba, sus hojas ya marchitas añoraban aquella niña
que nunca le defraudó ni en su agonía
murió junto a ella, que no salió ni una queja de sus carne prietas
que se iban consumiendo mirando hambrienta sin quitarle ni una oliva
esa fue su promesa, que cumplió hasta el último día.
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