El país de la alegría
Lejos ya de ríos sin memoria,
de rosas tardías que saben a gloria,
siempre será ahora el eterno presente
en las raíces de esta personal historia.
Ni el cuchillo ni la euforia,
ni los clavos ni las sombras,
ni todo el oro del mundo,
ni los gritos,
ni la forma.
Ni la gélida araña,
ni la sórdida congoja,
ni diablillos ni santas,
ni el paraíso en la boca.
Sigo estando ciego
ante evidencias ajenas,
mirando hacia el horizonte
donde vivo vida eterna,
donde mis ojos descansan,
sea en el cielo,
sea en la tierra.
La persona ha cambiado
sin dejar de ser la misma.
Un niño siempre perplejo
en el país de la alegría.
Lejos ya de ríos sin memoria,
de rosas tardías que saben a gloria,
siempre será ahora el eterno presente
en las raíces de esta personal historia.
Ni el cuchillo ni la euforia,
ni los clavos ni las sombras,
ni todo el oro del mundo,
ni los gritos,
ni la forma.
Ni la gélida araña,
ni la sórdida congoja,
ni diablillos ni santas,
ni el paraíso en la boca.
Sigo estando ciego
ante evidencias ajenas,
mirando hacia el horizonte
donde vivo vida eterna,
donde mis ojos descansan,
sea en el cielo,
sea en la tierra.
La persona ha cambiado
sin dejar de ser la misma.
Un niño siempre perplejo
en el país de la alegría.