Teo Moran
Poeta fiel al portal
En las altas barandas se muere el corazón.
En la quietud del chopo se deshacen
un millar de hojas secas y enfermas
tratando de aferrarse a algún trozo de mi piel,
pero la carne devorada por los recuerdos
juega a ser feliz entre unos desconocidos,
guarda el sabor de los planetas lejanos
que a veces se muestran con su rostro,
forman sus ojos ovalados y abiertos
mientras van corrompiendo su color.
Solo el tacto de unas manos extrañas
me hacen ver que sigo en pie y vivo;
tomo esa mano y me dejo llevar al averno,
voy vislumbrando los pecados del alma
junto a las fotografías de su boca etérea,
la hoguera ardiente sobre cuatro paredes
y dos universos unidos sobre el colchón.
También veo caer el pecado de la rutina
en el sendero famélico del oído sordo,
¿Cómo hablar en presente del ayer
si éste cae desintegrado entre mis manos
con los primeros rayos del nuevo día?
¿Por qué crear falsas esperanzas
si aún los insultos llegan vehementes
de una boca que un día creí mía?
Me falta valor para recitar los pecados
que se alimentan del infierno de mi corazón,
mas corro en pos de una ventana abierta
pero tú vacilante la cierras en mi cara,
te alejas paso a paso en tu alfombra de coral
y ese pecado, con el que también cargo,
se hace eco junto a las hojas secas y enfermas,
coro con los trozos de mi carne y de mi piel,
y allí, donde un día forjamos el paraíso
solo con el tacto de nuestras fuertes manos,
hoy alimentamos el hambre del infierno
y obligamos vagar por él a nuestro amor.