Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
El Pecado.
Me acechan los deseos,
y mi sangre clama demente.
Mis ojos buscan cuerpos,
cariño desea mi alma.
Y cierro las puertas
pidiendo a Dios misericordia,
mientras las voces de sirenas
me cantan embrujos brillantes,
y el mar me brinda de sus aguas.
Ojos de colores me invitan a la oscuridad
y me escondo en mi mismo,
peleando una batalla que jamás termina,
negando a mi propia carne,
mientras el tiempo camina
ahora muy lento,
riéndose de mis tormentos,
burlándose de mis debilidades humanas.
También las letras me confunden,
me seducen con imágenes irrechazables,
mi mente viaja por camas desconocidas
devorando cuerpos deliciosos,
bebiendo cariños inexistentes
por la sed que me devora.
El pecado me da la mano siempre que me mira,
me brinda su amistad y sus mentiras,
y corro sin querer, siempre huyo de el
pero el siempre esta conmigo.
Me acechan los deseos,
y mi sangre clama demente.
Mis ojos buscan cuerpos,
cariño desea mi alma.
Y cierro las puertas
pidiendo a Dios misericordia,
mientras las voces de sirenas
me cantan embrujos brillantes,
y el mar me brinda de sus aguas.
Ojos de colores me invitan a la oscuridad
y me escondo en mi mismo,
peleando una batalla que jamás termina,
negando a mi propia carne,
mientras el tiempo camina
ahora muy lento,
riéndose de mis tormentos,
burlándose de mis debilidades humanas.
También las letras me confunden,
me seducen con imágenes irrechazables,
mi mente viaja por camas desconocidas
devorando cuerpos deliciosos,
bebiendo cariños inexistentes
por la sed que me devora.
El pecado me da la mano siempre que me mira,
me brinda su amistad y sus mentiras,
y corro sin querer, siempre huyo de el
pero el siempre esta conmigo.
Leonardo V.
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