Ya esto a la orilla del río, una corriente que discurre ronroneando, por entre las piedras, rodeándolas, o chocando contra ellas, y siguiendo su camino con insistencia e insconciencia.
En un paraje agreste, de arbolado duro y recio, nacido de las piedras secas e inhospitas, una cinta verde acompaña al riachuelo, frondosa , verde, dicharachera y embriagadora, insectos, pájaritos, ratas, conejos, todos se amontonan allí, a veces se me olvida para que he ido al caer la tarde, y me distraigo demasiado y bueno es igual...
Entre las piedras están los barbos amontonados, esperando el momento de subir por el cauce para alcanzar mas sosegadas y tranquilas aguas, dónde dar rienda suelta a su para mí incomprensible orgía sexual, pues no acabo yo de entender eso. Preparo mis cañas y lanzo el sedal con el anzuelo y me siento y espero a ver si tienen hambre y pesco algunos de ellos.
Cuando veo que la caña cimbrea en el alboroto de la corriente y de todos los que allí nos amontonamos, ( nunca me pongo dónde hay alguién pescando, me molesta), el corazón se me acelera y sin pensarlo tiro de la caña y si no llego a clavarlo me doy a todos los diablos, como si la pérdida fuera una verdadera catástrofe, lo mas importante de este jodido mundo en ese momento y vuelvo a lanzarla con mala leche, hosco y resabiado.
Pero otras veces siento su presencia y nos conectamo por el sedal los dos, su lucha por escapar, por sobrevivir me hace disfrutar y cuando finalmente se cansa de luchar empiezo a traerlo hacia mí, si puedo lo asusto y sigo disfrutando de esa lucha, desigual pues el lucha por su vida y tiene muchísimo miedo, yo solo lo hago por puro placer.
Lo cojo con delicadeza no quiero hacerle daño alguno y me gusta mirarlo mientras exahusto boquea tratando de respirar, me gusta ese momento, verlo abrir la boca desesperación, con ansía, y lo deposito sobre un circulo de piedras que he hecho antes. A veces alguno escapa del el encierro, pero no me molesta, solo sonrío me quedo mirando como un tonto alcanzar su libertad, en realidad me gusta.
Cae la noche los aromas de los tilos, flores y arbusto se hacen mas claros, mas diafanos, es como una explosión de olores que producen una sensación de plenitud, no sé explicar bien eso, pero me gusta. Y los sonidos cambián subítamente, todo cambia al caer la noche. Y lo recojo todo y antes de marchar los dejo marchar a todos de su cautiverio de piedra.
Muchas veces me he preguntado por qué me gusta, por qué lo disfruto y horas y horas tratando de buscar una explicación válida para un comportamiento tan estúpido, en esa manera de perder el tiempo tan tonta, tan sin sentido.
Y cuando consigo descifrar ese misterio que me cautiva pienso que realmente soy un bobo, no hay explicación alguna, solo lo hago por que me gusta, porque me da placer, tenga sentido o no eso me da igual.
Y verdaderamente para llegar a esa tan fácil conclusión no necesitaba para nada buscar explicación alguna.
Eso reafirma la conclusión final soy un bobo , no hay más.
En un paraje agreste, de arbolado duro y recio, nacido de las piedras secas e inhospitas, una cinta verde acompaña al riachuelo, frondosa , verde, dicharachera y embriagadora, insectos, pájaritos, ratas, conejos, todos se amontonan allí, a veces se me olvida para que he ido al caer la tarde, y me distraigo demasiado y bueno es igual...
Entre las piedras están los barbos amontonados, esperando el momento de subir por el cauce para alcanzar mas sosegadas y tranquilas aguas, dónde dar rienda suelta a su para mí incomprensible orgía sexual, pues no acabo yo de entender eso. Preparo mis cañas y lanzo el sedal con el anzuelo y me siento y espero a ver si tienen hambre y pesco algunos de ellos.
Cuando veo que la caña cimbrea en el alboroto de la corriente y de todos los que allí nos amontonamos, ( nunca me pongo dónde hay alguién pescando, me molesta), el corazón se me acelera y sin pensarlo tiro de la caña y si no llego a clavarlo me doy a todos los diablos, como si la pérdida fuera una verdadera catástrofe, lo mas importante de este jodido mundo en ese momento y vuelvo a lanzarla con mala leche, hosco y resabiado.
Pero otras veces siento su presencia y nos conectamo por el sedal los dos, su lucha por escapar, por sobrevivir me hace disfrutar y cuando finalmente se cansa de luchar empiezo a traerlo hacia mí, si puedo lo asusto y sigo disfrutando de esa lucha, desigual pues el lucha por su vida y tiene muchísimo miedo, yo solo lo hago por puro placer.
Lo cojo con delicadeza no quiero hacerle daño alguno y me gusta mirarlo mientras exahusto boquea tratando de respirar, me gusta ese momento, verlo abrir la boca desesperación, con ansía, y lo deposito sobre un circulo de piedras que he hecho antes. A veces alguno escapa del el encierro, pero no me molesta, solo sonrío me quedo mirando como un tonto alcanzar su libertad, en realidad me gusta.
Cae la noche los aromas de los tilos, flores y arbusto se hacen mas claros, mas diafanos, es como una explosión de olores que producen una sensación de plenitud, no sé explicar bien eso, pero me gusta. Y los sonidos cambián subítamente, todo cambia al caer la noche. Y lo recojo todo y antes de marchar los dejo marchar a todos de su cautiverio de piedra.
Muchas veces me he preguntado por qué me gusta, por qué lo disfruto y horas y horas tratando de buscar una explicación válida para un comportamiento tan estúpido, en esa manera de perder el tiempo tan tonta, tan sin sentido.
Y cuando consigo descifrar ese misterio que me cautiva pienso que realmente soy un bobo, no hay explicación alguna, solo lo hago por que me gusta, porque me da placer, tenga sentido o no eso me da igual.
Y verdaderamente para llegar a esa tan fácil conclusión no necesitaba para nada buscar explicación alguna.
Eso reafirma la conclusión final soy un bobo , no hay más.