Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
No tiene palabras.
Es el silencio entre dos miradas,
la curva de un río que no sabe a dónde va,
el temblor de una hoja que cae sin testigos.
No tiene forma.
Es el instante antes del beso,
la grieta que el tiempo dibuja en una pared,
la espuma efímera que el mar olvida en la arena.
No tiene rima.
Es el sonido del aire al rozar tus pestañas,
el crujido de un libro al abrirse,
el latido acompasado de un corazón que espera.
El poema perfecto no se escribe.
Es el tacto de un recuerdo en la punta de los dedos,
la nostalgia de algo que nunca fue,
la certeza de que, aunque lo busques,
ya vive dentro de ti.
Es el silencio entre dos miradas,
la curva de un río que no sabe a dónde va,
el temblor de una hoja que cae sin testigos.
No tiene forma.
Es el instante antes del beso,
la grieta que el tiempo dibuja en una pared,
la espuma efímera que el mar olvida en la arena.
No tiene rima.
Es el sonido del aire al rozar tus pestañas,
el crujido de un libro al abrirse,
el latido acompasado de un corazón que espera.
El poema perfecto no se escribe.
Es el tacto de un recuerdo en la punta de los dedos,
la nostalgia de algo que nunca fue,
la certeza de que, aunque lo busques,
ya vive dentro de ti.