El principio sin final

Tema en 'Relatos extensos (novelas...)' comenzado por identidadnodefinida, 6 de Noviembre de 2016. Respuestas: 2 | Visitas: 177

  1. identidadnodefinida

    identidadnodefinida Poeta recién llegado

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    El hombre correcto narra sus ruinas sin vacilación. El hombre inteligente manipula los escenarios con discreción. El hombre arruinado plasma sus tormentos sin imaginación.

    " El rostro amanece desfigurado sin la plasticidad requerida por la vida y el tiempo ajustados. El mundo no para. Cada pisada suya es cada vez más apabullante para el sin identidad, el descalzo y solitario "

    No se ser un ser completo o completado por otro ser. No se lo que es el calor humano. Ni tampoco pretendo enfrascarme en mi dimensión marginal desprovista de afecto o atención necesaria para la supervivencia de la soledad peligrosa - una afección despiadada y ruinosa en su repentina y aleatoria aparición -. Sin embargo no creo en la vida compartida ni en las medias naranjas untadas entre sí, gracias a la alineación de sus imperfecciones compatibles... porque nunca me moleste en bucear en lo más hondo de mis emociones para cuajarlas con la de otros seres. Es difícil de diagnosticar mis carencias porque lamentablemente de ellas me nutrí sin procurar no omitir la imperdonable actividad pertinente respecto al intercambio y compartimiento íntimo y sentimental con otras criaturas. No se participar en las reuniones, no se convencer a los demás, no se destacar o realzar mis virtudes o defectos en esta atmósfera inteligente: porque la mayoría de veces siempre intentaba desalentar mi grito de guerra por oscurecer ese impedimento impotente cada vez que era acorralado por las faldas de la muchedumbre multitudinaria;
    mordiendome los labios disimuladamente hasta emanar un chorro de sangre. O también detenerme quieto y mudo frente a una audiencia de personas pendientes o atentas a alguna reacción o intención por mi parte, de la cual no podían cesar un recital de temores cuán feroces como las garras de la misma soledad aferrados en concreto en la parte de mi abdomen: haciendo mecer mis piernas de un lado a otro intuitivamente sin camuflar mi pánico desvelado a la audiencia. Y así siempre fue. Concluyendo la reunión con el escape sorpresivo de unas palabras para nada bien articuladas como urgencia a mi estupefacción debilitante y muy molesta. Y acto seguido de pellizcarse uno los pezones como si se tratara de un tic involuntario como de un paciente adolecido de Alzheimer tras no recordar el nombre de sus seres queridos, pues me ardía la vergüenza tremendamente ilustrativa y incontenible que deseaba gritar con todas mis fuerzas hasta exhalar mi último aliento de agonía tan sólo por despellejar esa sensación anormal que permanecía como una horrible pesadilla cada vez más impredecible. Y entonces, me despedía con el alma derrumbada y el rostro arruinadamente abatido de enfermedad sin rumbo y con peligro de tropezar en el camino incierto con algunos jadeos inevitables hasta arrancar en un llanto puro y descorazonador sin amparo alguno. Por eso, no se como los demás pueden ser objeto de atracción o atractivos entre ambos con tanta facilidad y cercanía sin previos preliminares, sin dificultades, sin miedos convulsionados por la falsa apariencia calmada,... yo no creo en la sociedad ni tampoco sostengo la soledad como camino de retiro absoluto del comando teledirigido. Sin embargo no puedo reincorporarme o esperar a colapsar el rebaño con mi entrada porque desde siempre estuve en él. Por lo tanto no hay necesidad de reinsertar ni involucrar nada. Sin embargo, el yacimiento de la desdicha radica en la presente y infranqueable impresión de pasar ausente o indiferente en los focos de la pasarela social. Pero ese es el caso. Y desgraciadamente, uno no puedo modificar su naturaleza si esta presenta anomalías ajenas a su elección de vida o modo de esencia. Desarreglado en en mi espacio inerte y pusilánime sin lugar a duda sollozan mis lamentos petrificados como el placer enajenado por vivir a contrarreloj. Me siento ensimismado desde que la memoria inalterable por la ignorancia del carpe diem que no interfiere como hábito vulgo a cualquier hombre necesitado de unos ojos camuflados por el velo de la indiferencia, las manos desprovistas de tacto y la lengua sin erizos que silencia los errores ajenos para completar una existencia completamente designada a la obscenidad más arbitraria y indistinguida. No puedo resurgir como un gregario más. Un mortal comúnmente masificado. Lo he intentado numerosas y cantidades de veces..., el alistarme a la agenda portátil de mis congéneres donde cada cual es identificado por sus dígitos. ​
     
    #1
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  2. Uqbar

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    Excelente relato. Creo que volveré para digerirlo de a pocos...

    Saludos,

    Palmira
     
    #2
  3. identidadnodefinida

    identidadnodefinida Poeta recién llegado

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    Estoy enormemente agradecido y satisfecho por su visita apreciable. Reciba mi mas distinguido Saludo y calurosos deseos.
     
    #3

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