BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aquel que fui ya no vuelve.
Aquel que arañaba la ventanilla
o el espejo retrovisor, inundado
de malicia o golpes o magulladuras.
Aquel abandonado en las estaciones
de pie, con frío congestionado, triste
o miserable, lleno de luz, armado de
sables, caído en desgracia, triste.
Ahora, de repente, recuerdas:
una caricia en un mar enterrado,
a la diestra de la cuneta parcial,
llena de heridas y cristales de sal.
Mas qué recuerdas, apenas la visión
de una vida, como un fuego siempre oculto,
o en la soledad, la emergencia de un sonido,
ruido, o nada, vivir como un enajenado.
Aquel, ya no vuelve, tanto calor
en su espalda juvenil, tanta muerte
sobre sus hombros, tanto silencio
vil y posesivo, dentro de espejos
que no reflejan el que fuiste o no.
©
Aquel que arañaba la ventanilla
o el espejo retrovisor, inundado
de malicia o golpes o magulladuras.
Aquel abandonado en las estaciones
de pie, con frío congestionado, triste
o miserable, lleno de luz, armado de
sables, caído en desgracia, triste.
Ahora, de repente, recuerdas:
una caricia en un mar enterrado,
a la diestra de la cuneta parcial,
llena de heridas y cristales de sal.
Mas qué recuerdas, apenas la visión
de una vida, como un fuego siempre oculto,
o en la soledad, la emergencia de un sonido,
ruido, o nada, vivir como un enajenado.
Aquel, ya no vuelve, tanto calor
en su espalda juvenil, tanta muerte
sobre sus hombros, tanto silencio
vil y posesivo, dentro de espejos
que no reflejan el que fuiste o no.
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