Tu llama se dobla en el cristal
y alumbra dos veces el quinqué.
El cuarto absorbe oscuridad,
la ventana deja escapar
la luz suave de tu atardecer.
Corren rápidas las nubes
echando el toldo gris de la noche,
haciendo mágico el contraluz de la calle.
Mis ojos absorben ávidos la luz
saboreando el color tenue
que, aún prendido de las cosas,
me suaviza “la negra lona”.
Vive después de algunas horas
el destello suave de la luz prendida.
Es el punto más claro de mi cuarto
enganchándose por eso
mi pensamiento en su alma solitaria,
empapándome de su amarillo baile,
dejándome calentar de su presencia
y con su ritmo encantándome.
Se adormila mi ánimo con él,
mis sentidos se dilatan,
filtran las suaves líneas de las casas
que, sin motivo alguno,
se enredan en mis pupilas
arañando la gris estancia.
Se adueñó de mí el sueño,
se apagó la luz.
El amanecer rompió tranquilo
el cristal de la ventana,
enganchando tenaz
la claridad sobre mi cama.
Mi conciencia perezosa
se asía a mis sueños,
pero el sol, ya fuerte,
me obligó a despertar
y recordé la luz cálida del quinqué
que anoche me atrajo al lecho.
y alumbra dos veces el quinqué.
El cuarto absorbe oscuridad,
la ventana deja escapar
la luz suave de tu atardecer.
Corren rápidas las nubes
echando el toldo gris de la noche,
haciendo mágico el contraluz de la calle.
Mis ojos absorben ávidos la luz
saboreando el color tenue
que, aún prendido de las cosas,
me suaviza “la negra lona”.
Vive después de algunas horas
el destello suave de la luz prendida.
Es el punto más claro de mi cuarto
enganchándose por eso
mi pensamiento en su alma solitaria,
empapándome de su amarillo baile,
dejándome calentar de su presencia
y con su ritmo encantándome.
Se adormila mi ánimo con él,
mis sentidos se dilatan,
filtran las suaves líneas de las casas
que, sin motivo alguno,
se enredan en mis pupilas
arañando la gris estancia.
Se adueñó de mí el sueño,
se apagó la luz.
El amanecer rompió tranquilo
el cristal de la ventana,
enganchando tenaz
la claridad sobre mi cama.
Mi conciencia perezosa
se asía a mis sueños,
pero el sol, ya fuerte,
me obligó a despertar
y recordé la luz cálida del quinqué
que anoche me atrajo al lecho.