El regreso.

libelula

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Atravesó el campo hacía el hogar de su infancia; ahora, a diferencia de entonces, caminaba lentamente sintiendo en el rostro la brisa de la tarde y el penetrante olor del otoño, a tierra mojada, bendecida por las primera lluvias; inhaló el suave aroma de la vieja higuera que a pesar de los años de abandono seguía dando frutos. Abrazó el árbol que un día plantó con sus padres y hasta le pareció que sus ramas respondían, rodeándolo, como si saludara a un viejo amigo.


Tras cincuenta años de ausencia volvía atravesar el umbral de su casa; poseído por la magia de los recuerdos, creyó percibir el aroma entrañable de las tortitas de anís y canela de su madre; la vieja mecedora donde ella se durmió para siempre comenzó a balancearse como meciendo su recuerdo; se acomodó en ella y dejándose arrullar, cerró lentamente los ojos... Y fue entonces cuando apareció Raico sacudiendo su abundante pelambre y moviendo alegremente el rabo, le lamió las manos, el rostro, el cuello... -¡¡ Raíco!!- Gritó, pero no podía ser, Raico había muerto, era imposible; no obstante, ladraba y saltaba sin parar, lleno de vida; luego se acomodó a sus pies como hacía entonces... El olor a las tortitas de anís se fue acentuando; la vieja radio se puso en marcha y sonó aquella bella melodía de sus primeros años, cuando su madre bailaba con él entre sus brazos.Volvió a cerrar los ojos y se dejó llevar, al abrirlos de nuevo, descubrió a su padre, allí estaba, apoyado en el marco de la puerta, sonriendoles. Entonces supo que todo estaba en orden
-Al fin en casa- susurró.
 
Última edición:
Querida marea nueva: como tu bien dices siempre estamos volviendo al hogar de la infancia de una u otra manera, con los años este espacio llega a poseernos y hasta puede que lo imaginemos mas bello de lo que en su día fué par nosotros; engaños bondadosos de la mente. Un abrazo y gracias por tu visita.
 
Me ha encantado tu relato. Quizá tuvo un sueño y se sintió lejos del hogar y le dolió, pero al despertar se dio cuenta que todo estaba en orden. O quizá murió y entonces toda la familia volvió a estar junta y todo es igual que cuando estaban vivos. Me hizo pensar mucho tu escrito. Felicidades, es buenísimamo. Un abrazo.
 
Hola Lou C, Gracias por pasarte por aquí, encantada.
Todo es posible, los relatos a veces toman veredas inesperadas hasta para el escritor, pero luego pasan a ser del lector, que lo hace suyo, asi que suya es también la interpretación del mismo. Un abrazo.
 
Has hecho un relato con un poderoso poder evocador, Libélula. En cada renglón dejas caer una sensación de volver atrás, hacia los momentos felices de la infancia (las tortitas con sabor a anís y canela). El final, aunque yo intuyo que puede ser que él haya llegado para morir en la misma mecedora en que su madre hizo el viaje final, puede también interpretarse como que, de alguna manera, él se ha reconciliado con todo ese pasado y...todo está en orden. Bien se ha dicho en otro comentario que lo que el autor escribe y lo que el lector recibe no siempre es lo mismo.

Un abrazo y felicitaciones sinceras por este trabajo.
 
Estimado Jmacgar: Gracias por este análisis detallado que haces de mi relato y por la valoración positiva que haces del mismo. He visitado tus letras y he comprobado que eres un virtuoso de la poesia clasica con rima y métrica, algo que yo considero muy dificil y valioso.
Un abrazo
 

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