Teo Moran
Poeta fiel al portal
Camino por la ribera del río
incapaz de hundirme en sus aguas
mas mi arrugada silueta
camina por sus gélidas gotas,
veo a mi reflejo parpadear
bajo el pincel del hermoso sol,
pero el río con su cauce se va
empujando al amanecer
y yo solo soy un pestañeo
en un mundo que no me necesita,
siento ser parte del olvido
en la mente de otras personas
que no me quieren y no me recuerdan.
Camino descalzo por la orilla
bajo las sombras de los buitres
y sé que las algas moribundas
se enredan en los vocablos del alma,
soy parte de lo que se pierde
y los incrédulos detestan,
de los que aman sin saber el porqué,
de los que se arrancaron el corazón
y aún en las manos siguen latiendo,
los pájaros dueños de mi caminar
esperan a que el mundo se curve
porque soy parte del olvido
y mis alas de escarcha sueñan,
nunca conocerán al feliz vuelo.
Se lleva a la sombra del chopo
y se lo entrega a la silente mar,
a las malvices y a los jilgueros
con su vuelo alegre sobre el pinar,
los narcisos olerán a su recuerdo,
las amapolas se vestirán sonrojadas
las palabras dulces de un imposible,
también se lo llevará con su salmo
y los devolverá a la callada mar.
¡Y no puedo hundir mis manos
en aquellas aguas dulces de cristal!
El rio arrastra a los granos duros
que caen dormidos del trigal,
a los pétalos de las amapolas rojas
mas no son aves y no quieren volar,
pero el río las acaricia con su mano
y con delicadeza las hace de cristal,
toma al tomillo y a la hierbabuena,
abandona su aroma sobre la muda mar,
pero mi alma sigue con su sordera
caminando por la ribera del río,
sigue con su mudez aquel cauce,
a mi corazón reflejado en el lecho
mientras el mirlo entona su canción,
el trino del amor que se nos escapa
y huye a lo lejos hacia la silenciosa mar.
Quisiera adentrarme desnudo en el río,
dejar mi ropa ajada junto a las amapolas,
que las zarzas arañen mi piel,
que los pinos cercenen mi alma,
a los buitres, segmentos inconscientes
tomen el aire que ocupa un segundo
y yo, sombra en el cielo de la aurora
alcance el vuelo dentro del río
y al fin pueda hundirme en su cauce.
incapaz de hundirme en sus aguas
mas mi arrugada silueta
camina por sus gélidas gotas,
veo a mi reflejo parpadear
bajo el pincel del hermoso sol,
pero el río con su cauce se va
empujando al amanecer
y yo solo soy un pestañeo
en un mundo que no me necesita,
siento ser parte del olvido
en la mente de otras personas
que no me quieren y no me recuerdan.
Camino descalzo por la orilla
bajo las sombras de los buitres
y sé que las algas moribundas
se enredan en los vocablos del alma,
soy parte de lo que se pierde
y los incrédulos detestan,
de los que aman sin saber el porqué,
de los que se arrancaron el corazón
y aún en las manos siguen latiendo,
los pájaros dueños de mi caminar
esperan a que el mundo se curve
porque soy parte del olvido
y mis alas de escarcha sueñan,
nunca conocerán al feliz vuelo.
Se lleva a la sombra del chopo
y se lo entrega a la silente mar,
a las malvices y a los jilgueros
con su vuelo alegre sobre el pinar,
los narcisos olerán a su recuerdo,
las amapolas se vestirán sonrojadas
las palabras dulces de un imposible,
también se lo llevará con su salmo
y los devolverá a la callada mar.
¡Y no puedo hundir mis manos
en aquellas aguas dulces de cristal!
El rio arrastra a los granos duros
que caen dormidos del trigal,
a los pétalos de las amapolas rojas
mas no son aves y no quieren volar,
pero el río las acaricia con su mano
y con delicadeza las hace de cristal,
toma al tomillo y a la hierbabuena,
abandona su aroma sobre la muda mar,
pero mi alma sigue con su sordera
caminando por la ribera del río,
sigue con su mudez aquel cauce,
a mi corazón reflejado en el lecho
mientras el mirlo entona su canción,
el trino del amor que se nos escapa
y huye a lo lejos hacia la silenciosa mar.
Quisiera adentrarme desnudo en el río,
dejar mi ropa ajada junto a las amapolas,
que las zarzas arañen mi piel,
que los pinos cercenen mi alma,
a los buitres, segmentos inconscientes
tomen el aire que ocupa un segundo
y yo, sombra en el cielo de la aurora
alcance el vuelo dentro del río
y al fin pueda hundirme en su cauce.