Álex Hernández
Poeta recién llegado
Tiene la mortífera primavera en cada rubro de su coño.
La insaciable hambre que recorren sus piernas de palmera,
y unas rodillas que dicen más que mil treguas.
A veces quisiera enjaular
sus lágrimas de fuego,
pero tras ese infierno
me encuentro.
La he visto llover
y crecer más de mil veces:
quemarse y secarse las heridas
como el ave fénix.
También
he dormido
en su tristeza,
y me gustó tanto
que ahora soy parte de ella.
Ella no busca salvarse,
-ni yo salvarla-.
Basta con que la miren a los ojos,
y adivinen el futuro.
— Álex Hernández. El rubro de su coño
La insaciable hambre que recorren sus piernas de palmera,
y unas rodillas que dicen más que mil treguas.
A veces quisiera enjaular
sus lágrimas de fuego,
pero tras ese infierno
me encuentro.
La he visto llover
y crecer más de mil veces:
quemarse y secarse las heridas
como el ave fénix.
También
he dormido
en su tristeza,
y me gustó tanto
que ahora soy parte de ella.
Ella no busca salvarse,
-ni yo salvarla-.
Basta con que la miren a los ojos,
y adivinen el futuro.
— Álex Hernández. El rubro de su coño