Teo Moran
Poeta fiel al portal
Al mar llevo el salmo que recita el jilguero,
los juegos alegres de las golondrinas,
llevo los enseres del alma ajada
en las penumbras de un día de invierno.
Al mar llevo el lápiz de colores sin tinta
a merced del desdén de la hoja marchita
que se desangra por la falta de versos.
Al mar llevo todas las huellas prestadas
a sabiendas de que solo eran un anticipo
de aquellos que soñaron con el amor,
lloraron y rieron presos en su quimera
y enamorados perdieron la razón.
Al mar llevo aquellos besos vehementes
proclamados en la plegaria del corazón,
llevo a la sonrisa del alma infantil
que aún sobrevive en medio del monte,
el acorde que todo el mundo desconoce.
Al mar llevo también sus notas silentes
con la esperanza de que tú puedas oírlas
cuando me hunda en sus profundidades.
Al mar llevo un baúl con todos los recuerdos,
un amanecer nuevo en tierras lejanas
donde los acantilados quiebran las olas
y los barcos se hunden y emergen a solas,
mientras, en lo alto, las blancas gaviotas
son solo unas líneas delgadas en el cielo.
Al mar llevo el cariño de los amigos,
de personas que en su día llegaron a mí
y sin pedir nada a cambio me dieron todo,
juntos a mí también alcanzarán el mar
porque sin ellos yo no sería quién soy,
quizás hasta el universo sería distinto,
con ellos sentiré a las olas mojar mis pies
y entre sus brazos seré solo un murmullo.
Al mar llevo alguna batalla donde fui ganador
y también muchas donde fueron derrotas,
viejas heridas que sangran de vez en cuando,
pero aún así me embarga la nostalgia
de aquellos días cuando sus labios dulces,
con timidez, me besaban mientras el mundo
se comprimía con su insensata melodía.
Al mar llevo el trigo pajizo en el horizonte
y a la amapola escondida entre sus espigas,
a mi ser solo dueño de mi huella descalza,
que con mis errores, muchos, demasiados,
solo he intentado ser un buen hombre.