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El segundo jardín de la dichosa "muerte" (rojo y ruidoso)

guillermo rasta

Poeta fiel al portal
Hay algunos que dicen,
que la primera vida es la mejor,
pero yo les digo que no,
que después de la quinta,
todo se ve mejor.

Porque cuando mueres,
se dan caminos a elegir,
pero a mi nada de eso,
porque solo me empujaron
de lleno, y con un sombrero grande,
a un jardín negro,
y con todas las texturas del rojo.

Y no pude mas,
hasta que mis oidos casi revientan,
por el dolor musical,
que ahi supuestamente se oía,
una vez puesto el sombrero,
era como si estuviera sordo,
pues ahora ya estaba casi loco,
por el ruido y el color rojo.

Entonces pude distinguir,
a muchas personalidades
de la música,
pero era raro,
ya que ellos no tenían nada que les cubra,
todos estaban cantando,
todos los días,
sin parar, noche y día.

Hasta que un día un niño,
se me acerco y mentalmente me decía,
que debía estar para alcanzar la paz,
para poder salir del laberinto rojo,
que desde la altura yo veía,
pues era mágico,
era divertido,
pero que despues de un largo tiempo,
ya ni el llanto de mi hijo,
recordaría.

Hasta que un día,
se abrió un arco iris,
de todos los mas inmensos colores,
de las mejores culturas,
con sus ritmos y sabores,
que daban color,
a lo que rojo por un maldito día,
se convertiría el lugar,
en que yo habitaría.

Pero nadie pudo salir,
era solo el cambio,
de esos que da la vida,
como de niñez a pubertud,
como de jugar a trabajar;
pues entonces,
pense en quitarme el sombrero,
ese que parecía un interminable techo,
que había permanecido conmigo durante,
muchisimo tiempo.

Pero de inmediato volvió a su lugar,
con nuevos aires,
quien sabe despues de descansar,
despues de disimular,
lo contenido,
antes de que reventara mi cabeza,
por el dolor musical,
al que se me acostumbró a estar.

Pues me despierto de este largo sueño,
despues de ser violentamente,
atrapado por un carro de mi ciudad,
pues este jardín es interno,
es en el que vas, todos los días a trabajar,
pues se que no se desarmará,
pero que podrá cambiar;
ahora trataré de combinar,
ese color,
ese ritmo sin sabor,
que me ayudará a romper,
la barrera de todo lo que me rodea,
y de todo lo que me rodeará.​
 
Hay algunos que dicen,
que la primera vida es la mejor,
pero yo les digo que no,
que después de la quinta,
todo se ve mejor.

Porque cuando mueres,
se dan caminos a elegir,
pero a mi nada de eso,
porque solo me empujaron
de lleno, y con un sombrero grande,
a un jardín negro,
y con todas las texturas del rojo.

Y no pude mas,
hasta que mis oidos casi revientan,
por el dolor musical,
que ahi supuestamente se oía,
una vez puesto el sombrero,
era como si estuviera sordo,
pues ahora ya estaba casi loco,
por el ruido y el color rojo.

Entonces pude distinguir,
a muchas personalidades
de la música,
pero era raro,
ya que ellos no tenían nada que les cubra,
todos estaban cantando,
todos los días,
sin parar, noche y día.

Hasta que un día un niño,
se me acerco y mentalmente me decía,
que debía estar para alcanzar la paz,
para poder salir del laberinto rojo,
que desde la altura yo veía,
pues era mágico,
era divertido,
pero que despues de un largo tiempo,
ya ni el llanto de mi hijo,
recordaría.

Hasta que un día,
se abrió un arco iris,
de todos los mas inmensos colores,
de las mejores culturas,
con sus ritmos y sabores,
que daban color,
a lo que rojo por un maldito día,
se convertiría el lugar,
en que yo habitaría.

Pero nadie pudo salir,
era solo el cambio,
de esos que da la vida,
como de niñez a pubertud,
como de jugar a trabajar;
pues entonces,
pense en quitarme el sombrero,
ese que parecía un interminable techo,
que había permanecido conmigo durante,
muchisimo tiempo.

Pero de inmediato volvió a su lugar,
con nuevos aires,
quien sabe despues de descansar,
despues de disimular,
lo contenido,
antes de que reventara mi cabeza,
por el dolor musical,
al que se me acostumbró a estar.

Pues me despierto de este largo sueño,
despues de ser violentamente,
atrapado por un carro de mi ciudad,
pues este jardín es interno,
es en el que vas, todos los días a trabajar,
pues se que no se desarmará,
pero que podrá cambiar;
ahora trataré de combinar,
ese color,
ese ritmo sin sabor,
que me ayudará a romper,
la barrera de todo lo que me rodea,
y de todo lo que me rodeará.​

Full, my brother, bacanisimo tu escrito, me a gustado mucho. Aunque mi comentario no sea pues ahora ya estaba casi loco, por el ruido y el color rojo. un gusto leerte, un abrazo.
 
Hay algunos que dicen,
que la primera vida es la mejor,
pero yo les digo que no,
que después de la quinta,
todo se ve mejor.

Porque cuando mueres,
se dan caminos a elegir,
pero a mi nada de eso,
porque solo me empujaron
de lleno, y con un sombrero grande,
a un jardín negro,
y con todas las texturas del rojo.

Y no pude mas,
hasta que mis oidos casi revientan,
por el dolor musical,
que ahi supuestamente se oía,
una vez puesto el sombrero,
era como si estuviera sordo,
pues ahora ya estaba casi loco,
por el ruido y el color rojo.

Entonces pude distinguir,
a muchas personalidades
de la música,
pero era raro,
ya que ellos no tenían nada que les cubra,
todos estaban cantando,
todos los días,
sin parar, noche y día.

Hasta que un día un niño,
se me acerco y mentalmente me decía,
que debía estar para alcanzar la paz,
para poder salir del laberinto rojo,
que desde la altura yo veía,
pues era mágico,
era divertido,
pero que despues de un largo tiempo,
ya ni el llanto de mi hijo,
recordaría.

Hasta que un día,
se abrió un arco iris,
de todos los mas inmensos colores,
de las mejores culturas,
con sus ritmos y sabores,
que daban color,
a lo que rojo por un maldito día,
se convertiría el lugar,
en que yo habitaría.

Pero nadie pudo salir,
era solo el cambio,
de esos que da la vida,
como de niñez a pubertud,
como de jugar a trabajar;
pues entonces,
pense en quitarme el sombrero,
ese que parecía un interminable techo,
que había permanecido conmigo durante,
muchisimo tiempo.

Pero de inmediato volvió a su lugar,
con nuevos aires,
quien sabe despues de descansar,
despues de disimular,
lo contenido,
antes de que reventara mi cabeza,
por el dolor musical,
al que se me acostumbró a estar.

Pues me despierto de este largo sueño,
despues de ser violentamente,
atrapado por un carro de mi ciudad,
pues este jardín es interno,
es en el que vas, todos los días a trabajar,
pues se que no se desarmará,
pero que podrá cambiar;
ahora trataré de combinar,
ese color,
ese ritmo sin sabor,
que me ayudará a romper,
la barrera de todo lo que me rodea,
y de todo lo que me rodeará.​

Interesante historia, la música, el color, buena combinación.
Dicen que Mozart veía las notas musicales como colores, qué maravilla.
Abajo dejo unas pequeñas correcciones ortográficas. No muevo las comas aunque te sugiero quitar varias.
Besos,:::hug:::



Hay algunos que dicen,
que la primera vida es la mejor,
pero yo les digo que no,
que después de la quinta,
todo se ve mejor.

Porque cuando mueres,
se dan caminos a elegir,
pero a mí nada de eso,
porque sólo me empujaron
de lleno, y con un sombrero grande,
a un jardín negro,
y con todas las texturas del rojo.

Y no pude más,
hasta que mis oídos casi revientan,
por el dolor musical,
que ahí supuestamente se oía,
una vez puesto el sombrero,
era como si estuviera sordo,
pues ahora ya estaba casi loco,
por el ruido y el color rojo.

Entonces pude distinguir,
a muchas personalidades
de la música,
pero era raro,
ya que ellos no tenían nada que les cubra,
todos estaban cantando,
todos los días,
sin parar, noche y día.

Hasta que un día un niño,
se me acercó y mentalmente me decía,
que debía estar para alcanzar la paz,
para poder salir del laberinto rojo,
que desde la altura yo veía,
pues era mágico,
era divertido,
pero que después de un largo tiempo,
ya ni el llanto de mi hijo,
recordaría.

Hasta que un día,
se abrió un arco iris,
de todos los más inmensos colores,
de las mejores culturas,
con sus ritmos y sabores,
que daban color,
a lo que rojo por un maldito día,
se convertiría el lugar,
en que yo habitaría.

Pero nadie pudo salir,
era sólo el cambio,
de esos que da la vida,
como de niñez a pubertad,
como de jugar a trabajar;
pues entonces,
pensé en quitarme el sombrero,
ese que parecía un interminable techo,
que había permanecido conmigo durante,
muchísimo tiempo.

Pero de inmediato volvió a su lugar,
con nuevos aires,
quién sabe después de descansar,
después de disimular,
lo contenido,
antes de que reventara mi cabeza,
por el dolor musical,
al que se me acostumbró a estar.

Pues me despierto de este largo sueño,
después de ser violentamente,
atrapado por un carro de mi ciudad,
pues este jardín es interno,
es en el que vas, todos los días a trabajar,
pues sé que no se desarmará,
pero que podrá cambiar;
ahora trataré de combinar,
ese color,
ese ritmo sin sabor,
que me ayudará a romper,
la barrera de todo lo que me rodea,
y de todo lo que me rodeará.​
 

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