El seminarista de los ojos negros

Tema en 'Poetas famosos, recomendaciones de poemarios' comenzado por Antonio, 6 de Marzo de 2009. Respuestas: 6 | Visitas: 33917

  1. Antonio

    Antonio Moderador ENSEÑANTE/asesor en Foro poética clásica Miembro del Equipo

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    Miguel Ramos Carrión (Zamora, 1848 – Madrid, 1915) dramaturgo y periodista. Fundó el semanario satírico Las Disciplinas y sus chascarrillos, versos jocosos, cuentos humorísticos llenaron las páginas de Madrid Cómico, Blanco y Negro, El Moro Muza (de La Habana), El Fisgón, Jeremías, La Publicidad, La Libertad, etcétera, demostrando una gran habilidad para la escritura . Usó los seudónimos Boabdil el Chico y Daniel. Entre sus obras más conocidas se encuentran "Agua, azucarillos y aguardiente" y su colaboración en "Los sobrinos del Capitán Grant". y uno de sus poemas más populares, “El seminarista de los ojos negros”. Su excelente humor no le impidió escribir versos con un poso de melancolía tan excelente como los expuestos a continuación:


    EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS


    I
    Desde la ventana de un casucho viejo
    abierta en verano, cerrada en invierno
    por vidrios verdosos y plomos espesos,
    una salmantina de rubio cabello
    y ojos que parecen pedazos de cielo,
    mientras la costura mezcla con el rezo,
    ve todas las tardes pasar en silencio
    los seminaristas que van de paseo.

    Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
    marchan en dos filas pausados y austeros,
    sin más nota alegre sobre el traje negro,
    que la beca roja que ciñe su cuello
    y que por la espalda casi rosa el suelo.

    II
    Un seminarista, entre todos ellos,
    marcha siempre erguido, con aire resuelto.
    La negra sotana dibuja su cuerpo,
    gallardo y airoso, flexible y esbelto.
    El sólo a hurtadillas y con el recelo
    de que sus miradas observen los clérigos,
    desde que en la calle vislumbra a lo lejos
    a la salmantina de rubio cabello,
    la mira muy fijo, con mirar intenso.

    Y siempre que pasa le deja el recuerdo
    de aquella mirada de sus ojos negros.

    III
    Monótono y tardo va pasando el tiempo
    y muere el estío y el otoño luego,
    y vienen las tardes plomizas de invierno.

    Desde la ventana del casucho viejo
    siempre sola y triste, rezando y cosiendo,
    la tal salmantina de rubio cabello
    ve todas las tardes pasar en silencio
    los seminaristas que van de paseo.

    Pero no ve a todos; solo ve a uno de ellos,
    su seminarista de los ojos negros.

    IV
    Cada vez que pasa gallardo y esbelto,
    observa la niña que pide aquel cuerpo
    en vez de sotana, marciales arreos.

    Cuando en ella fija sus ojos abiertos
    con vivas y audaces miradas de fuego,
    parece decirla: ¡Te quiero! ¡te quiero!
    ¡yo no puedo ser cura! ¡yo no puedo serlo!
    ¡si yo no soy tuyo me muero, me muero!

    A la niña entonces se le oprime el pecho,
    la labor suspende, y olvida los rezos,
    y ya vive sólo en su pensamiento
    el seminarista de los ojos negros.

    V
    En una lluviosa mañana de invierno
    la niña que alegre saltaba del lecho,
    oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
    por la angosta calle pasaba un entierro.

    Un seminarista sin duda era el muerto
    pues, cuatro llevaban en hombros el féretro
    con la beca roja por cima cubierto,
    y sobre la beca el bonete negro.

    Con sus voces roncas cantaban los clérigos,
    los seminaristas iban en silencio,
    siempre en las dos filas hacia el cementerio
    como por las tardes al ir de paseo.

    La niña angustiada miraba el cortejo;
    los conoce a todos a fuerza de verlos...
    Tan solo, tan solo faltaba entre ellos,
    el seminarista de los ojos negros.

    VI
    Corrieron los años, pasó mucho tiempo...
    Y allá en la ventana del casucho viejo,
    una pobre anciana de blancos cabellos,
    con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
    mientras la costura mezcla con el rezo,
    ve todas las tardes pasar en silencio
    los seminaristas que van de paseo.

    La labor suspende, los mira, y al verlos,
    sus ojos azules ya tristes y muertos
    vierten silenciosas lágrimas de hielo.
    Sola, vieja y triste aún guarda el recuerdo
    del seminarista de los ojos negros.

    Miguel Ramos Carrión
     
    #1
    Última modificación: 19 de Octubre de 2014 a las 10:47 AM
  2. Ligia Calderón Romero

    Ligia Calderón Romero Poeta veterano en el portal

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    Antonio has sido placentero volver a declamar estos versos, que declamaba desde niña, este poema tiene una rara pero hermosa melancolía que toca el alma con tanta dulzura que hasta se olvida el llanto, ese mágico amor sepultado en el recuerdo de aquélla que lo guardó para él hasta sus últimos días, es una verdadera pieza poética, me da gusto que la hayas traído y haberla declamado una vez más, es sublime su letra, sublime todo este universo.
    Gracias`por compartirlo.
    Saludos

    Ligia
     
    #2
  3. Antonio

    Antonio Moderador ENSEÑANTE/asesor en Foro poética clásica Miembro del Equipo

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    Gracias a ti Ligia por tus comentarios.
    Un cordial saludo.
     
    #3
    Última modificación: 28 de Agosto de 2014
  4. Vianne dPraux

    Vianne dPraux Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Para mi, un poema con historia propia y con esencia marcada, lo se desde hace bastantes años y como olvidar que con ese poema declamandolo obtuve un premio, aquella poesia en si, es una de las mas bellas que he leido, y tan pasionaria, es un placer enorme saberla aqui, para conocimiento de los demas, Gracias por subirla. saludos desde Perú .
     
    #4
  5. Antonio

    Antonio Moderador ENSEÑANTE/asesor en Foro poética clásica Miembro del Equipo

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    Gracias a ti Vianne por tus comentarios tan acertados.
    Saludos desde la orilla de este aprendiz de río.
     
    #5
  6. Elhi Delsue

    Elhi Delsue Poeta que considera el portal su segunda casa

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    A mi madre le gusta mucho este poema de Ramos Carrión. Recuerdo que ambos nos poníamos a escuchar, en un tocadiscos nuevo que había comprado mi padre, el long play en el que Luis Edgardo Ramírez lo declamaba. En ese tiempo apenas tenía idea de las formas poéticas; ahora veo que es una especie de romance dodecasílabo con las mismas asonancias en todos sus versos. A pesar de la forma, que no es de mi agrado, admiro la sencillez poética de bardo zamorano: la historia que narra es conmovedora. Gracias por rescatar de la memoria a tan insigne poeta. Faltó mucho de su biografía, pero se agradece la deferencia de nombrarlo.
     
    #6
  7. Antonio

    Antonio Moderador ENSEÑANTE/asesor en Foro poética clásica Miembro del Equipo

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    Celebro estar más cerca de los gustos poéticos de tu señora madre que de los tuyos, este poema demuestra que el fondo siempre debe primar sobre la forma, no quiero decir que todo vale, pero lo bello es bello, tenga la forma que tenga y lo importante es que la poesía atrape a todo el que la lea y evidentemente este poema es cautivador. Gracias a ti por rescatar a este poeta del sueño del Parnaso.
     
    #7

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